Agua que nunca se acaba | lunes 16 de marzo 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Samuel 26:1–28:2, Lucas 6:20–26)
Agua que nunca se acaba
Ver serie: Meditaciones
Versículo del día (RVC):
“Jesús le respondió: ‘Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’; tú le pedirías a él, y él te daría agua viva’. […] ‘Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás. Más bien, el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que fluya para vida eterna.’” — Juan 4:10, 13-14
Reflexión:
A veces pensamos: “Si la gente supiera realmente quién soy… si supiera lo que he hecho o lo que lucho por dentro, se alejaría.” Tal vez algo así sintió la mujer samaritana cuando habló con Jesús. Pero lo asombroso es que Jesús sí sabía todo sobre ella… y no se fue. No la rechazó. Le ofreció algo maravilloso: agua viva.
Él le dijo: “Si tú supieras quién soy yo, tú me pedirías agua, y yo te daría algo que sacia para siempre.”
Así es Jesús. Nos conoce a fondo. No solo nuestras palabras, sino nuestros pensamientos, nuestras heridas, nuestras culpas más profundas. Y aun así, no huye. Nos ofrece perdón, paz, vida.
El agua que él da no es una gota para calmar la sed del momento. Es una fuente inagotable. No es un charco que se seca con el sol, sino un manantial que fluye sin parar. Es el amor de Dios en Cristo, derramado sobre ti. Es el perdón que borra tu pasado. Es la certeza de que tienes vida eterna.
Imagina estar en medio del desierto. Seco, solo, sin nada. Y de pronto, encuentras una fuente que no deja de brotar. Así es el evangelio para el alma sedienta.
Hoy, Jesús te ofrece esa agua. No tienes que ganarla. Solo recibirla.
Oración:
Señor Jesús, tú conoces todo de mí, y aun así me amas. Gracias por darme tu agua viva. Que nunca busque saciar mi alma en otro lugar, sino que siempre vuelva a ti, mi fuente eterna de perdón y vida. Amén.


