AMA A TU PRÓJIMO | martes 1 de septiembre 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Crónicas 20:4–8, Juan 3:16–21)
AMA A TU PRÓJIMO
Ver serie: Meditaciones
Santiago 2:8-9
Bien harán ustedes en cumplir la ley suprema de la Escritura: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo»; pero si ustedes hacen diferencia entre una persona y otra, cometen un pecado y son culpables ante la ley.
¿Estás actuando bien delante de Dios? ¿Aprueba Dios, en general, tu manera de vivir? Son preguntas que todos nos hacemos en algún momento. El apóstol Santiago nos ofrece una prueba para saber si estamos actuando bien delante de Dios: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Parece bastante sencillo: amar al prójimo. Suena factible. Podemos sostenerle la puerta a alguien, ayudarle al vecino de edad avanzada con el trabajo del jardín, ser amables y desearles el bien a los demás.
Es fácil sentir que amamos tan bien a nuestro prójimo que estamos bien con Dios. Sin embargo, el problema está en la frase «como a ti mismo». ¿Amamos así a los demás? La verdad es que no. Una cosa es sostenerle la puerta a alguien, y otra muy distinta es amarlo como nos amamos a nosotros mismos. Amar así cuesta tiempo y esfuerzo; significa poner las necesidades del otro antes que las mías. Con demasiada frecuencia no tenemos ni el deseo ni la energía para amar así a los demás. Peor aún, quizás descubrimos que no amamos a todas las personas por igual. Es evidente que no podemos estar bien delante de Dios basándonos en la manera como amamos al prójimo.
Gracias a Dios, hay uno que sí actuó bien delante de él, uno que siempre amó a su prójimo con un amor perfecto y que nunca hizo diferencia entre una persona y otra. Su nombre es Jesús, y la prueba de su amor por el prójimo está en la cruz. Al entregar su vida en la cruz, Jesús amó a sus prójimos, a todos ellos. No murió solamente por los «buenos», ni solamente por los que le corresponderían con su amor: murió por todos nosotros. Murió por ti.
Tú eres el prójimo de Jesús, y él ya te demostró su amor perfecto. Ahora tienes la oportunidad de agradecerle todo lo que ha hecho, mostrando ese mismo amor a tu prójimo.
Oración:
Querido Jesús, gracias por el amor maravilloso que me salvó de mis pecados. Lléname de tu amor, para amar a mi prójimo sin hacer diferencias, con el mismo amor que tú me has mostrado. Amén.


