Con la fuerza de Dios | miércoles 8 de julio 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Reyes 20:1–11)
Con la fuerza de Dios
Ver serie: Meditaciones
Ezequiel 3:8-9
«Sin embargo, yo he endurecido tu rostro como el rostro de ellos, y he hecho tu frente tan fuerte como la de ellos. Tu frente es ahora dura como el diamante y más fuerte que el pedernal, así que no les tengas miedo, aunque sean un pueblo rebelde.» (RVC)
«¡Creo que puedo! ¡Creo que puedo! ¡Creo que puedo!»
Durante generaciones, muchos padres han animado a sus hijos a no rendirse recordándoles la historia de la pequeña locomotora que logró superar la montaña. El mensaje parece sencillo: con suficiente esfuerzo y una actitud positiva, cualquier obstáculo puede vencerse.
Sin embargo, al crecer descubrimos que la vida no siempre funciona así.
Aprendemos que tenemos limitaciones. El optimismo no siempre cambia las circunstancias. El trabajo duro no siempre garantiza el resultado que esperamos. A veces, por más que nos esforcemos, nuestras propias fuerzas no son suficientes.
Por eso es tan reconfortante saber que, cuando se trata de servir al Señor y compartir su Palabra, no dependemos únicamente de nuestra capacidad.
Dios mismo fortalece a sus hijos.
Al llamar a Ezequiel, el Señor le prometió que le daría firmeza para enfrentar la oposición. Lo haría fuerte para cumplir la tarea que le había encomendado. No porque Ezequiel fuera naturalmente valiente, sino porque Dios estaría con él.
Lo mismo sucede contigo.
Eso no significa que nunca te cansarás. No significa que no enfrentarás dificultades o momentos de desánimo. Pero sí significa que Dios te sostendrá. Él te dará la fortaleza necesaria para seguir adelante.
Con la ayuda de Dios puedes perseverar en la carrera de la fe. Con su poder no necesitas vivir dominado por el miedo. Con su Palabra puedes continuar sirviendo con confianza, porque las promesas del Señor permanecen para siempre.
Y una verdad más te anima: el trabajo que realizas para el Señor nunca es en vano. Dios utiliza su Palabra para cumplir sus propósitos, aun cuando tú no puedas ver inmediatamente los resultados.
Por eso, sigue adelante. No confiando en tus propias fuerzas, sino en la fuerza que Dios te da por medio de su Palabra.
Oración:
Espíritu Santo, utiliza tu Palabra para fortalecerme y darme la perseverancia necesaria para ser un testigo fiel de Jesucristo. Amén.


