DE LA DUDA A LA CONFESIÓN! | sábado 18 de abril 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 21:15–17, Lucas 9:46–48)
DE LA DUDA A LA CONFESIÓN!
Ver serie: Meditaciones
Versículo del día:
“Luego le dijo a Tomás: ‘Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.’ Entonces Tomás respondió y le dijo: ‘¡Señor mío, y Dios mío!’” — Juan veinte: veintisiete al veintiocho.
Reflexionemos:
Tomás no quería ser engañado. No bastaban los testimonios de sus amigos. No quería vivir de rumores o emociones. Él necesitaba pruebas. “Si no veo, no creo.”
¿Y sabes qué? Jesús no lo rechazó por eso. No le dijo: “¡Ya no eres digno de seguirme!” No lo humilló frente a los demás. Simplemente se acercó… y le mostró las heridas. Le ofreció lo que pedía: evidencia viva, manos traspasadas, costado abierto.
Eso fue suficiente. Tomás no necesitó tocar. Solo ver. Y al ver, creyó. Su respuesta fue una confesión de fe poderosa: “¡Señor mío, y Dios mío!”
Jesús no le exige una fe ciega. Le da motivos para confiar.
Y contigo hace lo mismo.
Tal vez tú también has tenido tus momentos de duda. Has sentido que la fe se tambalea, que el dolor pesa más que las promesas. Pero Jesús no te desecha. Él se acerca. Te muestra su Palabra. Te recuerda su sacrificio. Te ofrece perdón.
Y al igual que Tomás, tú puedes decir hoy: “¡Señor mío, y Dios mío!”
Porque la fe no nace del esfuerzo… sino del encuentro con Cristo resucitado.
Oración:
Jesús, gracias por acercarte a mí aun cuando dudo. Enséñame a confiar en ti, a ver tus heridas con fe, y a confesarte con gozo: “¡Señor mío, y Dios mío!” Amén.


