El contentamiento | lunes 21 de septiembre 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Crónicas 11:5–12:16)
El contentamiento
Ver serie: Meditaciones
1 Timoteo 6:8
Así que, si tenemos sustento y abrigo, contentémonos con eso.
Hace muchos años, en el Lejano Oriente, vivía un hombre llamado Alí. Alí tenía una granja y estaba contento. Pero un día alguien le habló de los diamantes, y Alí emprendió un largo viaje en busca de diamantes. Nunca los encontró. En el proceso tuvo que vender su granja para cubrir sus gastos. Así que, al final de cuentas, Alí murió arruinado y deshecho.
Mientras tanto, en la antigua granja de Alí, el nuevo dueño se estaba instalando. Un día llevó su camello a beber a un arroyo de la granja. Mientras el camello bebía, el hombre miró el arroyo y notó una piedra que reflejaba la luz del sol de una manera deslumbrante. Acababa de descubrir la mina de diamantes de Golconda, una de las más magníficas del mundo.
La historia nos recuerda nuestra vida como cristianos. En la sociedad del siglo XXI recibimos mensajes constantes que nos dicen que no estemos contentos con lo que ya poseemos. A través de la televisión, la radio, los medios impresos y la asombrosa variedad de redes sociales, una enorme industria publicitaria trabaja no solo para convencernos de comprar cierto producto, sino para moldear nuestra manera misma de ver la vida. Por eso no debería sorprendernos que una de las grandes tentaciones para ti y para mí sea no estar contentos.
Pero aquí está el problema: cuando la falta de contentamiento nos empuja a alejarnos —siempre consumiendo, renovando y buscando la próxima novedad—, abandonamos el tesoro que ya poseemos.
Nuestro tesoro es Jesús y su Evangelio. Su vida perfecta, vivida en nuestro lugar, y su muerte en la cruz por nuestros pecados nos han dado riquezas que superan nuestros sueños más increíbles. Por medio de su Espíritu Santo, Dios mismo es ahora nuestro, y nosotros somos suyos. Poseemos cada una de sus promesas de cuidarnos personalmente. Y es precisamente ese tesoro el que nos capacita para mostrar verdadero contentamiento y recordar el tesoro que tenemos.
Oración:
Señor, perdona mi falta de contentamiento. Renuévame en tu Evangelio. Recuérdame lo que tengo. Amén.


