Encontramos consuelo | miércoles 16 de septiembre 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Crónicas 7:11–22, Juan 6:25–59)
Encontramos consuelo
Ver serie: Meditaciones
2 Corintios 2:7-8
Ahora deben perdonarlo y consolarlo, pues de lo contrario podría consumirlo la tristeza. Por tanto, les ruego que confirmen su amor hacia él.
¡Eureka! ¡Lo encontré! Qué alivio se siente al encontrar algo que estaba perdido. Pero no hay gozo más grande que cuando se encuentra un alma perdida.
La lectura bíblica de hoy trata precisamente de un acontecimiento así. Un hombre de la congregación cristiana de Corinto estaba tan perdido en el pecado que rechazaba toda corrección. Para advertirle de su condición perdida, su iglesia tuvo que declarar que estaba fuera del reino de Dios y destinado a la muerte eterna. ¿Puede alguien estar más perdido que eso?
Gracias a Dios, ese acto de amor de la congregación logró su objetivo: por la gracia de Dios, el hombre se arrepintió y volvió al Señor. Un corazón que antes estaba endurecido ante la palabra y la advertencia de Dios ahora estaba quebrantado y anhelaba consuelo. Y eso es lo que el apóstol Pablo instruyó a su iglesia a darle: consuelo mediante el perdón completo.
Piensa en cómo trata nuestro mundo a alguien que ha hecho algo que considera vergonzoso. Muchas veces no hay vuelta atrás: la persona queda descartada, cancelada, y no hay nada más que hacer. Pero este hombre volvió y fue restaurado, sin condiciones que cumplir. El que estaba perdido encontró consuelo y alivio, y el cielo se gozó por un pecador que se arrepintió: reconoció su necesidad de perdón y confió en Jesús para recibir el perdón completo.
¡Ese mismo consuelo es tuyo! Jesús no nos avergüenza cuando venimos a él con humildad, reconociendo cuánto lo necesitamos. Jesús no nos cancela ni corta la relación; no nos pone condiciones para recuperar su amor. Él nos confirma su amor incondicional y nos reafirma su perdón. En ese amor y en ese perdón encontramos consuelo eterno.
Oración:
Jesús, guíame siempre de regreso a tu amor y a tu perdón, para encontrar el consuelo que permanece. Amén.


