EXPULSADO, PERO NO OLVIDADO | martes 14 de abril 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 19, Lucas 9:28–36)
EXPULSADO, PERO NO OLVIDADO
Ver serie: Meditaciones
Versículo del día:
“Me echaste a las profundidades del mar, y las corrientes me rodearon; ¡todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí! Entonces dije: ‘Me has desechado delante de tus ojos, pero todavía he de ver tu santo templo.’” Jonás dos: tres al cuatro.
Reflexionemos:
Jesús solo se comparó con un profeta: Jonás. No con Moisés, ni con Isaías. Sino con Jonás… el desobediente, el que huyó, el que terminó en el mar por su pecado.
¿Por qué Jesús haría eso?
Jonás había sido llamado a predicar a Nínive, pero corrió en dirección contraria. Cuando vino una gran tormenta, él mismo reconoció que era por su culpa. Les dijo a los marineros: “Láncenme al mar.” Y así lo hicieron. El mar se calmó… y Jonás fue tragado por un gran pez.
Desde el vientre del pez, Jonás oró. Y dijo estas palabras: “Desechado soy… sin embargo, veré de nuevo tu santo templo.” Aun en lo más profundo del mar, aun con culpa, Jonás creyó que Dios podía rescatarlo.
Jesús usó esa historia para anunciar lo que él mismo haría: no sería tragado por un pez, sino por la muerte. No por culpa propia, sino por la tuya y la mía. Y después de tres días, él también saldría… no de un pez, sino del sepulcro. Vivo. Victorioso.
Así como Jonás fue restaurado, tú también lo serás. Aunque mueras, vivirás. Aunque parezcas perdido, Jesús te encontrará. Porque él no olvida a los suyos. Jamás.
Oración:
Señor Jesús, gracias por entrar en la muerte en mi lugar. Aunque yo huya, tú me alcanzas. Aunque falle, tú me perdonas. Y aunque muera, tú me resucitarás. Amén.


