Hacia adelante y hacia arriba | miércoles 1 de julio 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Reyes 15:27–31, Lucas 18:15–17)
Hacia adelante y hacia arriba
Ver serie: Meditaciones
Lucas 9:61-62
«Otro también le dijo: “Señor, yo te seguiré; pero antes déjame despedirme de los que están en mi casa.” Jesús le dijo: “Nadie que mire hacia atrás, después de poner la mano en el arado, es apto para el reino de Dios.”» (RVC)
«¿Cuál es la meta?» Esa es una pregunta importante cuando se te pide hacer algo. Es importante saber cuál es tu propósito y hacia dónde te diriges. Si no sabes cuál es tu objetivo, difícilmente podrás alcanzarlo.
Cuando se trata de ser discípulo de Jesús, nuestro Salvador deja la meta muy clara. Nuestro objetivo final es la vida eterna en el cielo. Esa es la meta hacia la que avanzamos. El apóstol Pablo lo expresó con total claridad en su carta a los colosenses: «Busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Pongan la mira en las cosas del cielo, y no en las de la tierra.» (Colosenses 3:1-2).
En una ocasión, una persona le dijo a Jesús: «Señor, te seguiré; pero primero déjame ir a despedirme de mi familia». Jesús respondió de inmediato: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios». El mensaje era muy claro: si vas a ser mi discípulo, mantén tus ojos puestos hacia adelante y hacia arriba.
Jesús sabe que fácilmente nos distraemos con las personas y las cosas de este mundo. Por eso nos anima: no mires atrás. No apartes la vista de la meta.
Pero tampoco debemos malinterpretar sus palabras. Jesús quiere que mostremos amor y preocupación por las personas que forman parte de nuestra vida, especialmente por nuestra familia. Él nos ha llamado a servirles cada día de todas las maneras posibles. Sin embargo, también quiere que comprendamos que, si alguna vez hubiera que escoger entre él y cualquier otra cosa, entre esta vida pasajera y la vida eterna con él en el cielo, no debería haber duda alguna. Jesús y el cielo que él nos da gratuitamente deben ser siempre nuestra prioridad.
¿Y cómo llegamos a esa meta? No por nuestros propios esfuerzos, sino por medio de Jesús y de su poderosa Palabra. Valora esa Palabra que salva, porque ella mantiene tus ojos puestos hacia adelante y hacia arriba.
Oración:
Señor Jesús, concédeme tu Espíritu para que mi corazón y mi mente permanezcan siempre firmemente puestos en ti. Amén.


