Humildad | domingo 30 de agosto 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Crónicas 19, Juan 2:23–25)
Humildad
Ver serie: Meditaciones
Proverbios 25:6-7
«No te alabes delante del rey ni te pongas en el lugar de los grandes, porque mejor es que se te diga: Sube acá, y no que seas humillado…» (SBT)
«¡Mira, papá!» Muchos hemos dicho palabras parecidas a un padre, abuelo o maestro. Tal vez antes de lanzarnos por un resbaladero, hacer una pirueta o intentar encestar una pelota. Queríamos que alguien nos viera.
Eso no cambia mucho con los años. Queremos que el maestro, el entrenador o el jefe nos note. Queremos parecer más inteligentes, más rápidos, más productivos o más capaces que los demás. Y cuando nos notan, esperamos ser elevados por encima de otros.
Pero ¿qué pasa si no impresionamos? ¿Qué pasa si otra persona lo hace mejor? Puede ser humillante cuando alguien es escogido antes que nosotros.
De la misma manera, no podemos impresionar a nuestro Padre celestial lo suficiente para ganar la vida eterna. Cuando él mira nuestra vida imperfecta, llena de pecado, la única conclusión justa sería que no somos suficientemente buenos. Una sola falta basta para dejarnos sin lugar ante Dios.
Ahí entra Jesús.
Jesús no vino a la tierra para impresionar a todos y ponerse por encima de todos. Se humilló y puso a otros primero. No buscó elevarse sobre los demás. Se entregó voluntariamente a una muerte horrible en la cruz para pagar el precio que merecían nuestros pecados.
Murió por ti, por mí y por todo el mundo. Y ahora, por la fe en Jesús, el Padre nos dice: “Sube acá”. Jesús abrió para nosotros la puerta del cielo. Gracias a él, no seremos humillados por nuestros pecados. Somos salvos ahora y para siempre.
Oración:
Querido Jesús, gracias por humillarte para que yo pudiera ser levantado al cielo. Ayúdame a honrarte hoy con una vida humilde. Amén.
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