La acumulación | sábado 19 de septiembre 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Crónicas 9:13–28, Juan 7:1–9)
La acumulación
Ver serie: Meditaciones
Eclesiastés 5:13
He visto un mal terrible bajo el sol, y es que las riquezas acumuladas acaban por perjudicar a sus dueños.
Se llama Lonnie. Cuando las cámaras entran por primera vez en su casa, Lonnie es pura sonrisa. Es dueño de una enorme colección de recuerdos de Las Vegas, y está orgulloso de ella. Su inventario de objetos es tan grande que llena tres edificios enteros, incluida su propia casa. Letreros de neón, ropa de artistas famosos, estatuas gigantes: Lonnie lo tiene todo, y más.
A los pocos minutos del recorrido, uno percibe que algo no anda bien. Durante la visita aparece Sandy, la esposa de Lonnie. Sandy es callada y agradable, pero también está claramente preocupada. Con el tiempo, la verdad sale a la luz: tras años de alimentar su impulso de acumular, Lonnie los ha llenado de deudas. Peor aún, su pasión por coleccionar ha empezado a dominar todo lo demás, incluso sus relaciones familiares.
Sería fácil descartar a Lonnie como un excéntrico y felicitarnos por no ser tan exagerados. Pero pensémoslo de nuevo. Es cierto: pocos de nosotros tenemos tres edificios llenos de recuerdos de Las Vegas. Sin embargo, quizás yo también sea culpable de acumular. Es decir, quizás sea culpable de tomar algo que en sí mismo es bueno y acumularlo hasta tal punto que distorsiona mis prioridades. Por ejemplo, puedo acumular un pasatiempo favorito, los horarios deportivos y las clases de baile de mis hijos, mis fines de semana, las películas de Netflix o el dinero.
Como advierte la palabra de Dios en el capítulo cinco de Eclesiastés, cualquier cosa de este mundo —aun algo bueno en sí mismo— que yo acumule me traerá daño. Me hará daño porque esa acumulación pondrá distancia entre mi Salvador y yo.
Pero Jesús no me abandona a mis impulsos pecaminosos. Al contrario: me busca, me llama al arrepentimiento y me abraza con su Evangelio. Me asegura que, por la fe en la sangre que derramó por mí en la cruz del Calvario, estoy perdonado y soy suyo. Y me renueva para que recuerde que la vida no es lo que acumulo en este mundo: mi vida es Cristo.
Oración:
Señor Jesús, mi vida no es lo que acumulo; mi vida eres tú. Ayúdame a recordarlo. Amén.


