PUESTO EN MI LUGAR… | jueves 3 de septiembre 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Crónicas 21:28–22:19, Juan 3:22–30)
PUESTO EN MI LUGAR…
Ver serie: Meditaciones
Lucas 14:7-8, 10-11
Cuando Jesús vio que los invitados a la mesa escogían los mejores lugares, les contó una parábola: «Cuando te inviten a una boda, no vayas a sentarte en el mejor lugar, no sea que otro de los invitados sea más importante que tú […]. Así que, cuando seas invitado, ve más bien a sentarte en el último lugar, para que cuando venga el anfitrión te diga: “Amigo mío, ven y siéntate más adelante”. Así serás honrado delante de los otros invitados a la mesa. Porque todo el que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.»
Hace años, en una conferencia nacional, me alegré de sentarme junto a un compañero de estudios y amigo. Cada uno había levantado la mano varias veces para dar su opinión. Cuando una vez más teníamos las manos en alto, oímos detrás de nosotros la voz firme de un hombre mucho mayor que nos dijo: «Ya hemos escuchado suficiente de ustedes, jóvenes, por hoy».
Me acuerdo de esa experiencia al leer la lectura bíblica de hoy, en la que Jesús nos dice que no nos enaltezcamos, sino que nos humillemos.
La verdadera humildad consiste en orar: «Dios mío, ten misericordia de mí, porque soy un pecador» (Lucas 18:13). Es reconocer que no soy lo que Dios quiso que yo fuera; que no soy tan bondadoso, paciente ni amoroso como él me manda ser.
Esta humildad es importante, porque solamente cuando reconozco con humildad mis faltas me doy cuenta de que necesito el perdón de Dios. Solamente entonces me vuelvo a Jesús, quien ganó el perdón para mí. Y cuando lo hago, él promete levantarme y restaurarme, y asegurarme que estoy en paz con Dios y que soy heredero de la vida eterna. Eso es lo que Jesús quiso decir con estas palabras: «Porque todo el que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido».
Oración:
Señor Jesús, dame un corazón humilde que confíe solamente en ti. Amén.


