Real | miércoles 25 de febrero 2026

(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Samuel 4, Lucas 4:16–30)

Real

Ver serie: Meditaciones

2 Pedro 1:16
«Cuando les dimos a conocer la venida de nuestro Señor Jesucristo en todo su poder, no estábamos siguiendo sutiles cuentos supersticiosos, sino dando testimonio de su grandeza, que vimos con nuestros propios ojos.» (NVI)

En 2001, el director Steven Spielberg y el actor Tom Hanks produjeron la miniserie Hermanos de Sangre. Diez episodios que siguen a un grupo de soldados en la Segunda Guerra Mundial. La trama era intensa, los personajes memorables, y las escenas de batalla, impactantes. Pero tal vez lo más conmovedor fue el final: los hombres mayores que hablaban al inicio de cada episodio… eran los verdaderos soldados cuya historia se contaba.

Lo que vimos no era ficción. Era real.

El apóstol Pedro también era un hombre mayor cuando escribió su segunda carta. Y al igual que esos soldados, Pedro quería que sus lectores —incluyéndote a ti— supieran que lo que él contaba no era una historia inventada. No era una fábula, ni un mito bien escrito. Era real. Él lo vio. Él fue testigo. Estuvo allí cuando Jesús mostró su gloria. Escuchó sus palabras. Lo vio morir. Lo vio resucitado. Y por eso lo escribió.

Y eso cambia todo.

Si Jesús es real, entonces su perdón también lo es. Su presencia contigo hoy es real. Su promesa de llevarte a la vida eterna no es un deseo… es una certeza. Porque Jesús, el verdadero Salvador, ya venció por ti.

 

Oración:

Espíritu Santo, al leer tu Palabra, recuérdame que Jesús vivió, murió y resucitó realmente —y todo lo hizo por mí. Amén.

 

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