Ricos | miércoles 23 de septiembre 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Crónicas 14, Juan 7:32–36)
Ricos
Ver serie: Meditaciones
1 Timoteo 6:17-18
A los ricos de este siglo mándales que […] sean ricos en buenas obras, dadivosos y generosos.
Imagínate que el apóstol Pablo acaba de entrar en nuestra sociedad del siglo XXI. Ha recibido una descripción detallada del nivel de vida típico de los cristianos que viven en una civilización moderna. Ha aprendido todo sobre nuestras comodidades: acceso a atención médica, facilidad para viajar, variedad de alimentos, jugo de naranja recién exprimido en pleno invierno, armarios llenos de ropa, garajes con autos, climatización en el hogar, viajes en familia, patrimonio, inversiones, planes de jubilación, y un ingreso muchas veces tan disponible que no nos parece nada «salir a comer algo», simplemente porque podemos.
Entonces, sabiendo Pablo lo que sabe de nosotros, tú y yo nos paramos frente a él, carraspeamos y tratamos de explicarle que la palabra de Dios de nuestra lectura, que les habla «a los ricos de este siglo», no se aplica a nosotros.
La gran mayoría de nosotros —en comparación con la mayor parte del mundo y con los niveles de vida del pasado— estamos entre los ricos en lo material. Eso no es malo en sí mismo; por ello le damos gracias a un Dios espléndido. Pero a la luz de ese trato tan espléndido, confesémosle a nuestro Señor, y unos a otros, todas las veces que tú y yo no hemos demostrado una generosidad de corazón en sus muchas formas. Confesemos también todas las veces que nos hemos convencido de que no podemos darnos el lujo de ser generosos, de que la generosidad es para otros.
Gracias a Dios, somos aún más ricos de otra manera: somos ricos en la gracia de Dios; ricos en el perdón inmenso de Dios por cada uno de nuestros pecados, por la fe en la sangre de Cristo. Eso nos hace verdaderamente ricos, eternamente bendecidos.
¿Cómo darle gracias a un Dios tan generoso? «Sean ricos en buenas obras —nos dice Pablo—, dadivosos y generosos». Y podemos hacerlo con gozo, porque al hacerlo simplemente le damos gritos de alabanza a Dios por lo que él ya nos ha dado.
Oración:
Señor, por tu Evangelio, desplaza la tacañería de mi viejo yo con generosidad y gozo. Amén.


