Seguir a Dios | viernes 10 de julio 2026
Ver serie: Meditaciones
Rut 1:16
«Rut le respondió: “¡No me pidas que te deje y me aparte de ti! A dondequiera que tú vayas, iré yo; dondequiera que tú vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.”» (RVC)
Seguir a Dios no siempre es fácil. Y él nunca prometió que lo sería.
Jesús mismo dijo que, para seguirlo, debemos tomar nuestra cruz cada día. Esa cruz puede adoptar diferentes formas: dificultades, pruebas, sacrificios o momentos en los que debemos confiar en Dios más que en nosotros mismos.
Siempre ha sido así. Seguir al Señor no es un camino libre de desafíos.
Una mujer llamada Rut descubrió esta realidad.
Rut no pertenecía al pueblo de Dios por nacimiento. Era moabita, extranjera en relación con Israel. Sin embargo, se casó con un israelita y, por medio de su esposo y de su familia, llegó a conocer al Señor.
Entonces ocurrió una tragedia. Murieron su esposo, su cuñado y su suegro. Poco después, su suegra Noemí decidió regresar a Israel.
Rut tenía una decisión que tomar.
Podía quedarse en Moab, rodeada de todo lo que conocía: su tierra, su cultura y sus costumbres. O podía acompañar a Noemí hacia un futuro incierto.
No fue una decisión fácil.
Al seguir a Noemí, Rut dejaba atrás su hogar y gran parte de lo que le era familiar. Sin embargo, estaba decidida a hacerlo. Había llegado a confiar en el Dios verdadero. Ya no quería permanecer entre los dioses falsos de Moab. Si seguir al Señor significaba dejar atrás lo conocido, entonces estaba dispuesta a hacerlo.
Las palabras de Rut reflejan una fe sincera: «Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios».
También nosotros debemos reconocer que muchas veces hemos fallado en seguir a Dios. En ocasiones hemos preferido nuestro propio camino, nuestras propias prioridades o nuestros propios deseos.
Pero gracias a Jesús, hay perdón para cada una de esas ocasiones. Él siguió perfectamente la voluntad de su Padre en nuestro lugar. Nunca se apartó del camino que debía recorrer para salvarnos. Fue obediente hasta la muerte en la cruz para ganar nuestro perdón y nuestra vida eterna.
Por eso, hoy podemos seguir al Señor con confianza. No para ganar su amor, sino porque ya lo hemos recibido en Cristo.
Y aunque el camino sea difícil, sabemos que vale la pena seguir al Dios que nos ama y nos conduce a la vida eterna.
Oración:
Gracias, Señor Jesús, porque seguiste perfectamente la voluntad de tu Padre en mi lugar. Ayúdame a llevar las cruces que encuentre en mi camino y a seguirte fielmente hoy y siempre. Amén.


