Seguir la Corriente | sábado 28 de febrero 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Samuel 8, Lucas 4:38–39)
Seguir la Corriente
Ver serie: Meditaciones
Génesis 3:6
«La mujer vio que el árbol era bueno para comer, apetecible a los ojos, y codiciable para alcanzar la sabiduría. Tomó entonces uno de sus frutos, y lo comió; y le dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió.» (RVC)
Estás con tu grupo de amigos. Todo comenzó bien: risas, bromas, un buen rato. Pero, poco a poco, las cosas cambian. Lo que era diversión cruza la línea. Alguien dice algo fuera de lugar. Se hace algo que no está bien. Tú lo notas. Quieres hablar, quieres decir algo. Pero no lo haces.
Así fue con Adán. Él estaba allí. Vio cómo Eva era tentada. Escuchó la voz de la serpiente. Observó cómo ella tomó el fruto. Y no dijo nada. Peor aún, luego también comió. Su silencio, su pasividad, tuvo consecuencias eternas. El pecado entró en el mundo, y desde entonces, todos nacemos con la inclinación a hacer lo malo.
¡Cuán diferente es Jesús! Él nunca siguió la corriente. Nunca se quedó en silencio ante el pecado. Vivió con integridad, habló con valentía y, al final, permitió que la multitud lo llevara a la cruz. ¿Por qué? Para salvarnos. Para perdonar nuestros pecados, incluso aquellos momentos en que nos quedamos callados cuando debimos hablar.
Gracias a Jesús, hemos sido liberados del poder del pecado. Ya no estamos obligados a seguir la corriente. Podemos decir que no. Podemos vivir para aquel que dio su vida por nosotros. Y con su ayuda, podemos ser una luz para otros y guiarlos hacia Él.
Oración:
Jesús, gracias por hablar cuando yo callé, por actuar cuando yo fallé. Ayúdame a no seguir la corriente de este mundo, sino a vivir para ti. Que pueda ser una luz que guía a otros hacia tu verdad. Amén.


