Sin palabras | domingo 5 de julio 2026
(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Reyes 17:24–18:8, Lucas 18:35–43)
Sin palabras
Ver serie: Meditaciones
Ezequiel 2:9-10
«Entonces miré, y vi que una mano con un rollo escrito se extendía hacia mí. La mano abrió ante mis ojos el rollo, el cual estaba escrito por ambos lados, y contenía lamentos, gemidos y amenazas.» (NVI)
Tu amiga acaba de perder a su hijo en un trágico accidente automovilístico. Han quedado de encontrarse para tomar un café y, mientras vas de camino, piensas: «No sé qué decir».
Muchas situaciones pueden dejarnos sin palabras.
Una cosa es no saber qué decir para consolar a un amigo. Otra muy distinta es sentirte sin palabras cuando surge la oportunidad de hablar sobre asuntos espirituales. Eso puede resultar intimidante. Tal vez sientas presión al pensar que tus palabras podrían tener un impacto eterno en la vida de otra persona. Quizá te preguntes: «¿Y si digo algo incorrecto? ¿Y si no sé responder una de sus preguntas?».
Antes de dejarte vencer por esa preocupación, recuerda una verdad que Dios le enseñó al profeta Ezequiel.
Cuando Dios llamó a Ezequiel para hablar de asuntos espirituales, él también pudo haber pensado: «No sé qué decir». Y la tarea no era fácil. Dios lo enviaba a un pueblo rebelde, obstinado y terco. Sin embargo, Ezequiel podía estar tranquilo porque el mensaje no dependía de él. Las palabras que iba a compartir no eran suyas, sino de Dios.
Por eso escribió: «Vi una mano extendida hacia mí. En ella había un rollo escrito».
La Palabra venía de la mano de Dios a la boca de su mensajero.
Esa misma verdad te fortalece hoy. Cuando Dios te da la oportunidad de compartir su Palabra, recuerda que no estás transmitiendo tus propias ideas. Estás compartiendo la Palabra de Dios.
Su Palabra llega al corazón. Su Palabra consuela a los quebrantados. Su Palabra es eficaz. Su Palabra está llena de poder.
Por eso, cuando surja la oportunidad de hablar de Jesús, no tengas miedo. El poder no está en tus palabras, sino en las de Dios.
Oración:
Padre celestial, toma mis labios y haz que estén siempre llenos de mensajes que provengan de ti. Amén.
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