UN SALVADOR NACIDO PARA HABITAR ENTRE NOSOTROS Y DAR VIDA | sábado 27 de diciembre 2025
(Lectura de la Biblia en tres años: Josué 6, Marcos 12:13–17)
UN SALVADOR NACIDO PARA HABITAR ENTRE NOSOTROS Y DAR VIDA
Ver serie: Meditaciones
Juan 1:4,12,13
«En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad… Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios; hijos que no nacieron de sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacieron de Dios.»
El nacimiento de un niño es el centro del relato navideño. Y en muchos aspectos, el nacimiento de Jesús se parecía a cualquier otro. Debido a las circunstancias, María tuvo que viajar lejos de casa, y el bebé nació en un lugar destinado a los animales. Lo mismo pudo haberle pasado a otras madres en Israel.
Pero aunque parecía un nacimiento más, el niño nacido de María no era un niño común. El que respiró por primera vez aquella noche fue el mismo que sopló vida en los primeros seres humanos, y es quien te da vida a ti y a todos.
«En él estaba la vida», dice la Biblia. No solo significa que estaba vivo, sino que la vida le pertenece. Él es la fuente de la vida. Si tienes hijos o nietos, él también les dio vida.
Pero en Jesús recibimos una vida aún más profunda y valiosa. Dice la Biblia: «A los que creyeron en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.»
Jesús, el Hijo de Dios, vino a habitar entre nosotros con carne y sangre humanas. Se hizo parte de nuestra familia humana, para que tú puedas ser parte de la familia eterna de Dios. Al vivir la vida perfecta que tú no pudiste vivir, Jesús ganó para ti un lugar en la familia de Dios. Eso significa que tienes un hogar eterno, no en un pesebre humilde, sino en las mansiones del cielo.
El nacimiento de Jesús no es el único nacimiento en la historia de la Navidad. Como dice un villancico, Jesús nació para traer vida nueva. Y esa vida nueva se hace nuestra cuando Dios nos da el nuevo nacimiento por medio de su Espíritu y su Palabra. Cuando él nos lleva a confiar en ese niño como nuestro Salvador, nacemos de nuevo como hijos de Dios, libres de culpa, vergüenza y muerte. Tenemos nueva vida —vida eterna— en Jesús. ¡Qué regalo!
Oración:
Jesús, tú naciste para darme un nuevo nacimiento. Ayúdame a vivir como tu hijo. Amén.


