UN SALVADOR NACIDO PARA HABITAR ENTRE NOSOTROS Y TRAER GLORIA | martes 30 de diciembre 2025
(Lectura de la Biblia en tres años: Josué 9–10, Marcos 12:28–34)
UN SALVADOR NACIDO PARA HABITAR ENTRE NOSOTROS Y TRAER GLORIA
Ver serie: Meditaciones
Juan 1:2,3,14
«Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir… Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre.»
Un querido himno navideño retoma las palabras del anuncio angelical de Lucas 2:14, que proclamaban que toda la gloria pertenece a Dios en las alturas. Qué escena tan gloriosa debió ser. Los pastores, cuidando sus ovejas, fueron rodeados de ángeles que anunciaban que un niño había nacido en Belén. Y la gloria del Señor brillaba alrededor de ellos—una luz deslumbrante que confirmaba que estos mensajeros no eran comunes.
Pero la gloria no era de ellos. No merecían esa alabanza. Ellos anunciaron la gloria de Dios. ¿Pero qué tenía de glorioso ese momento?
Un bebé casi indefenso acostado en un pesebre improvisado en un pueblo pequeño y desconocido. Solo algunos pastores humildes fueron a verlo. No había luz saliendo del pesebre, ni ángeles visibles alrededor. A simple vista, no parecía que algo extraordinario estuviera ocurriendo.
Pero así es como llega la gloria de Dios a nosotros: oculta en lo humilde y sencillo, envuelta en lo común y lo inesperado. No te dejes engañar por las apariencias. El Salvador nacido para habitar entre nosotros trae gloria verdadera. El cielo vino a la tierra en ese bebé humilde. Aquel por medio de quien todo fue creado, se hizo uno con su creación. El único Hijo de Dios se hizo hombre para que pecadores como nosotros fueran perdonados y hechos hijos y herederos de Dios.
Vemos la gloria de Dios más claramente no en luces brillantes ni en milagros impactantes, sino en el amor que hizo lo imposible para servirnos y salvarnos. Ese amor dejó la perfecta alegría del cielo para venir a la tierra, librarnos del pecado y perdonarnos. Vemos la gloria de Dios en ese niño—nuestro Salvador. En el mensaje de la Biblia, vemos esa gloria por fe. Y un día la veremos con nuestros propios ojos, sin velo.
Que en este nuevo año, Dios abra nuestros ojos para ver más claramente su gloria a través de su Palabra, cada día.
Oración:
¡Gloria a Dios en las alturas! En tu gloria oculta aquí en la tierra, ayúdame a ver la gloria perfecta que has preparado para mí en el cielo. Amén.


