Tetélestai | miércoles 2 de abril 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 2:4–25, Mateo 1:18–25)

Tetélestai

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¿Necesita Jesús tu ayuda?

En la cruz fue golpeado y ensangrentado. Víctima de la injusticia. ¿Necesitó tu ayuda aquel sombrío viernes? ¿Gritó a sus discípulos o a los ángeles para que le echaran una mano o invocó a Moisés o a Juan Bautista de entre los muertos?

No. Jesús no necesitaba tu ayuda para pagar por sus pecados entonces. Y no necesita tu ayuda hoy.

«Consumado es» (Juan 19:30), gritó desde la cruz. Pronunció una palabra que en griego es Tetélestai. Era una palabra que usaban los pintores cuando por fin habían terminado una obra de arte. Una palabra utilizada por los comerciantes cuando alguien pagaba una deuda en su totalidad.

Hecho. Cumplido. Nada más.

¿Alguna vez has sentido que Jesús hizo mucho bien, pero que tú sólo tienes que aportar un poco para obtener la aprobación de Dios? Tetélestai dice que eso es mentira. No te lo creas.

Hecho.

Cumplido.

Nada más.

Dios promete que tu perdón es un don gratuito. Y se completó en la cruz. Tetélestai.

Oración:

Jesús, no necesitas nada de mí, pero me quieres y lo quieres todo en mí. Me perdonas sin necesitar nada de mí. Me salvaste sin mi ayuda. Te sacrificaste por mí. Tu amor por mí hace que yo también te ame, Señor. Quiero servirte. Amén.

 

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Soy Barrabás | martes 1 de abril 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 1:1–2:3, Mateo 1:1–17)

Soy Barrabás

 

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Era la semana de la muerte de Jesús. Durante una farsa de juicio, compareció ante Poncio Pilato acusado de crímenes que no había cometido, basándose en cargos inventados.

Como el juicio de Jesús tuvo lugar durante la fiesta anual de la Pascua, era costumbre que esa semana las autoridades liberaran a un prisionero elegido por los judíos. ¿Su elección? Jesús, el Hijo de Dios sin pecado, o Barrabás, un asesino. En un frenesí de odio, la multitud pidió a gritos la liberación de Barrabás. Incluso Pilato sabía que Jesús era inocente: «el gobernador les dijo: “Pero ¿qué mal ha hecho?” Pero ellos gritaban aún más, y decían: “¡Que lo crucifiquen!”». (Mateo 27:23).

¿Te ves reflejado en esta historia? Yo sí. Yo soy Barrabás. Tú eres Barrabás. Éramos prisioneros condenados a muerte. Pero Jesús ocupó imperturbablemente nuestro lugar en la cruz porque nos ama tanto.

Me gustaría pensar que Barrabás agarró con ambas manos su inesperada libertad y su inmerecida gracia, y que eso cambió su vida. ¿Vivió hasta el fin de sus días dando testimonio de este Jesús que ocupó su lugar? La Biblia no lo dice.

Pero lo que sí sabemos es que se nos ha dado una nueva oportunidad de vivir. Estábamos muertos en nuestros pecados, condenados ante un Dios perfecto.

Pero entonces Jesús cambió de lugar con un hombre llamado Barrabás, y también cambió de lugar con nosotros. Pagó el precio de nuestros pecados. Ahora estamos con confianza ante nuestro Dios santo, revestidos de la perfección de Jesús. Somos libres.

¿Qué vas a hacer con tu libertad?

 

Oración:

Redentor nuestro, confieso que soy pecador desde el vientre de mi madre y que por mi pecado heredado de Adán y los pecados cometidos por mí, merezco la condenación eterna. Pero en tu amor, que no merezco, enviaste a tu Hijo para ocupar mi lugar y no solo me atribuyes gratuitamente los méritos de su obediencia perfecta a mi favor, sino también aceptas como suficiente su padecimiento en la cruz para pagar por todos mis pecados. Concédeme que, en gratitud a tu inmenso amor, sea un instrumento de tu paz, un fiel administrador de los dones me das y que viva enteramente consagrado a ti, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

 

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Su Biblia (extra)ordinaria | lunes 31 de marzo 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Malaquías 3:6–4:6, Apocalipsis 22:13–21)

Su Biblia (extra)ordinaria

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Hace unos 125 años, la mayoría de los eruditos pensaban que la Biblia estaba llena de palabras extraordinarias. El Nuevo Testamento griego contiene unas cinco mil palabras diferentes, y unas quinientas de ellas se consideraban extraordinariamente únicas. No aparecían en ninguna otra literatura griega antigua aparte de la Biblia. Era casi como si, según sugerían los eruditos, existiera un lenguaje especial para este libro especial. Pero un día, a finales del siglo XIX, dos arqueólogos estaban excavando en un antiguo basurero cerca del río Nilo, en Egipto. Mientras rebuscaban entre restos de papiros antiguos -recibos, listas de la compra, cartas personales, etc.- empezaron a reconocer algunas palabras, las que pensaban que eran exclusivas del Nuevo Testamento. Primero una, luego dos, después docenas, ¡y luego cientos! Resulta que el lenguaje de la Biblia era lenguaje ordinario, eso demuestra que Dios se comunicaba con las palabras del mercado y del muelle pesquero. Porque ordinario es como Dios trabaja ordinariamente.

Ese retazo de historia me recuerda las palabras de Jesús: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque estas cosas las escondiste de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños» (Mateo 11:25). Por lo visto, no hace falta un doctorado para leer tu nombre en el libro de la vida. Sólo simple confianza. Sólo la fe de un niño.

Esa es la gracia extraordinaria que puedes encontrar en tu Biblia ordinaria.

 

Oración:

Bendito Señor, tú eres santo, santo, santo y tan especial que para estar en tu presencia es indispensable la perfección. No obstante no dejaste que nada sea un obstáculo insuperable para llegar a nosotros, personas simples y ordinaria, y para usarnos en tus grandes hechos. Concédeme una fe tan sencilla y confiada como la de un niño ordinario, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

 

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El perdón no cuenta | domingo 30 de marzo 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Malaquías 2:1–3:5, Apocalipsis 22:6–12)

El perdón no cuenta

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Jesús contó una parábola que a propósito no tenía sentido económico. Una lección sobre la gracia perdonadora que no se puede calcular como el salario de un día.

El perdón no es algo que tú (o la persona que te ha hecho daño) debas esforzarte y sudar para ganártelo. Jesús dejó claro este punto con la respuesta de un empleador a la queja de un trabajador de jornada completa que recibió el mismo monto que los de media jornada: «El dueño le dijo a uno de ellos: “Amigo mío, no te estoy tratando injustamente. ¿Acaso no te arreglaste conmigo por el salario de un día? Ésa es tu paga. Tómala y vete. Si yo quiero darle a este último lo mismo que te doy a ti, ¿no tengo el derecho de hacer lo que quiera con lo que es mío? ¿O acaso tienes envidia, porque yo soy bueno?”» (Mateo 20:13-15).

El amable patrón de la historia de Jesús pagaba lo mismo a los madrugadores que a los rezagados. La gracia perdonadora no consiste en ser el último o el primero. Se trata de no contar. El perdón es un regalo, por eso contiene la palabra dar.

La misericordia como la de Dios no es nuestro tipo de matemáticas. No siempre es la mejor decisión económica o el camino político más prudente. No siempre se refleja con precisión en los planes de negocio y las hojas de cálculo. No siempre es ejercer la autoridad y la disciplina en dosis que marquen la diferencia.

La misericordia de Dios no suma, no cuenta y nunca se merece. Eso hace que cada uno de nosotros sea perdonado y luego sea capaz de perdonar a los demás.

 

Oración:

Bendito Señor, no merecemos tu amor ni tu perdón. Pero tú quieres nuestra salvación y por eso pagaste el alto precio de nuestro rescate con la valiosa vida de tu Hijo Jesucristo. Bondadosamente nos otorgas la salvación sin cobrarnos nada. Es por tu gracia. tu bondad incondicional. y los méritos de tu Hijo Jesucristo que fuimos rescatados gratuitamente. Concédeme ser un instrumento de tu paz que lleve la buena noticia por todo lugar, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

 

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Jesús te libera | sábado 29 de marzo 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Malaquías 1, Apocalipsis 22:1–5)

Jesús te libera

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En 1863, un esclavo fugitivo llamado Gordon apareció en Baton Rouge con olor a cebolla en la piel. Había huido de su amo, el cruel John Lyons, que poseía una plantación a 65 km de distancia y no iba a dejar escapar tan fácilmente a «su propiedad». Lyons había enviado una jauría de perros [JC13] sabuesos para rastrear a Gordon, lo que explicaba lo de las cebollas. Gordon se frotó la piel con las fragantes cebollas, aplicándoselas de nuevo después de cruzar cada arroyo o riachuelo, para despistar a los perros, lo que le permitió llegar a su refugio entre el ejército de la Unión. Cuando llegó, un fotógrafo retrató la espalda de Gordon, grotescamente marcada por el látigo de Lyon, una imagen que predicaba en silencio los horrores de la esclavitud.

La esclavitud es una de las imágenes que utiliza la Biblia para describir nuestra historia. Jesús dijo: «De cierto, de cierto les digo, que todo aquel que comete pecado, esclavo es del pecado» (Juan 8:34). Cuando algo que no es Dios controla nuestras vidas, somos esclavos. Ese algo puede ser la búsqueda de la carrera de nuestros sueños, la familia perfecta o una jubilación relajante. Aunque todo esto no se parezca a John Lyons, puede impedirnos alcanzar la libertad del cielo.

Por eso Jesús continuó diciendo: «Si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres» (Juan 8:36). A través de las cicatrices de Jesús, escapamos de la plantación del diablo y alcanzamos la tierra prometida del cielo, donde Dios está siempre presente y donde somos realmente libres.

Tómate un momento para reflexionar sobre la vida de alguien esclavizado por el pecado. Luego adora mientras recuerdas que Jesús te liberó.

 

Oración:

Redentor nuestro, nos recataste de la condenación eterna y del dominio del mal que nos esclaviza al pecado con la sangre del cordero y, gracias a sus méritos soy libre. En esa libertad te bendigo y agradezco, y en gratitud a tu inmenso amor, te ofrendo mi ser y mi existencia para vivir consagrado a ti. Concédeme ser un buen administrador de los dones que me diste y ser un instrumento de tu paz, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

 

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Lo único perdurable | viernes 28 de marzo 2025

 

(Lectura de la Biblia en tres años: Zacarías 13:7–14:21, Apocalipsis 21:17–27)
Lo único perdurable

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Seguro que lo que más te rompe el corazón es que algo no dure para siempre. Como cuando por fin tienes un poco de dinero en el banco, pero entonces, ¡zas!, esa lucecita del salpicadero se enciende porque esa pieza tan cara de tu coche no ha durado para siempre. O cuando el chico con el que salías -el chico que parecía tan perfecto, tan dulce, tan comprometido- no duró para siempre. O cuando estabas haciendo progresos con tu salud mental, manteniéndote positiva y fuerte, pero luego las cosas volvieron a su sitio. La salud mental, el matrimonio, nuestra propia moralidad: el desgarrador problema es el mismo: nada parece durar para siempre.

Pero por eso me encanta el capítulo más repetitivo de toda la Biblia, el Salmo 136. Empieza así: «Den gracias al Señor, porque él es bueno, porque su amor es eterno» (versículo 1, DHH). Por si no te diste cuenta la primera vez, el salmista repite «porque su amor es eterno» no una ni dos veces, ¡sino 26 [JC12] veces más!

¿No es lo mejor? Cuando la batería de tu coche se agota, el amor de Dios perdura para siempre. Cuando tu familia no es tan perfecta como pediste, el amor de Dios perdura para siempre. Cuando la ansiedad se apodera de tu corazón, el amor de Dios perdura para siempre. Podría seguir (¡como el salmista!), pero se supone que estos devocionales caben en una página.

Sólo recuerda que Dios es bueno hoy. ¿Por qué? «Porque su amor es eterno» .

 

Oración:

Dios eterno, solamente tú permaneces para siempre desde la eternidad y hasta la eternidad no cambias. Nosotros somos efímeros, inconstantes e inestables. Te bendigo y agradezco porque tu amor es eterno y no importando cuánto cambie todo lo demás en ti puedo reposar confiadamente. Concédeme, que en gratitud a tu inmenso amor, pueda vivir consagrado a ti, ser un buen administrador de los dones que me diste y ser un instrumento de tu paz, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

 

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Sirvo | jueves 27 de marzo 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Zacarías 11:4–13:6, Apocalipsis 21:9–16)

Sirvo

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Si tu vida tuviera un lema, ¿cuál sería? He aquí una pregunta mejor. ¿Coincidiría el lema que le das a tu propia vida con el que le pondrían tus seres queridos?

Ich dien (en alemán, «yo sirvo») es el orgulloso lema del Príncipe de Gales, que figura en su sello. En nuestro mundo, ¡es un sentimiento chocante! Cada día vemos a personas que compiten por puestos que les permitirán mandar y obligar a otros a servirles. El servicio a uno mismo es a menudo lo único que veo en el mundo. Tristemente, también lo veo en mi propio corazón.

Jesús nos dice hoy: «Pero entre ustedes no debe ser así. Más bien, aquel de ustedes que quiera hacerse grande será su servidor; Imiten al Hijo del Hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:26,28). ¡Qué contracultural! «Yo sirvo» ha de ser el lema de todo cristiano. ¿Por qué vamos a querer servir?

Ich dien-Sirvo. Este fue el lema de la vida de Jesús para ti. Vivió perfectamente, no para sí mismo, sino para ti. Murió para pagar por los pecados, no los suyos sino los tuyos. ¡Este amor que sirve es impactante! Ich dien. La persona cuyo corazón pronuncia estas palabras como lema se eleva a alturas de verdadera nobleza. Recuerda a Aquel que te sirvió e Ich dien será también el lema de tu vida.

¿A quién puedes servir hoy?

Oración:

Todopoderoso Señor, cuando enviaste a tu Hijo Jesucristo, él enseñó que vino para servir y que nuestra misión sería esa misma: servir. Confieso que he querido ser servido antes que servir. Concédeme ser un buen servidor tuyo y de mi semejante, ser un instrumento de tu paz, que comparte tu amor con todos los que lo necesitan, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

 

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Un dolor sordo | miércoles 26 de marzo 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Zacarías 10:1–11:3, Apocalipsis 21:1–8)

Un dolor sordo

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La soledad es real. El mundo está lleno de personas que viven con un dolor sordo y persistente en su interior la mayor parte del tiempo.

Muchos de nosotros estamos tan ocupados con nuestras propias vidas y familias que no nos fijamos en la persona de la iglesia que no tiene dónde ir para la cena de Acción de Gracias. Pasamos por alto al compañero de clase que almuerza solo. Tal vez la soledad de otras personas nos hace sentir incómodos porque no sabemos cómo ayudarles.

Afortunadamente, Jesús comprendía la soledad. La comprendió porque la sintió más que cualquiera de nosotros. Cuán solo debió sentirse cuando gritó desde la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?». (Mateo 27:46).

Sin embargo, a pesar de la soledad que sin duda sentía (o, más probablemente, a causa de ella), Jesús estaba «sintonizado» con la soledad que le rodeaba. No sólo ofreció palabras de consuelo; se tomó el tiempo de estar presente con los solitarios.

Recordarle a una persona solitaria que Dios nunca la dejará ni la abandonará (Deuteronomio 31:6) es sin duda una maravillosa fuente de consuelo. Sin embargo, las palabras por sí solas, incluso las palabras de Dios, pueden resultar vacías para una persona solitaria. En cambio, a la persona cuyo corazón está lleno del dolor sordo de la soledad, ofrécele un abrazo, una invitación a cenar, una hora en una cafetería. Dios dice: «No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad» (1 Juan 3:18).

¿Adivina quién viene a cenar?

Oración:

Señor, que nos amaste con amor eterno. Concédeme que yo ame a mi prójimo de tal manera que no pueda ignorarlo sino tratarlo como tú lo harías. Haz que no sea indiferente con los desamparados, con quienes están solos y con los que no tienen quien les exprese amor cristiano, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

 

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Pásame la sal, por favor | martes 25 de marzo 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Zacarías 9, Apocalipsis 20:11–15)

Pásame la sal, por favor

 

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«Ustedes son la sal de la tierra» (Mateo 5:13).

Normalmente, cuando alguien te mira y te dice: «Estás un poco salado», no lo dice como un cumplido. Jesús, a quien le gustaba ser diferente de los líderes religiosos de su tiempo, estaba animando a sus oyentes a ser precisamente eso… salados. Pero no lo decía en sentido negativo.

La sal conserva, la sal (cuando se utiliza en la dosis adecuada) es buena para la salud, e incluso añade un poco de sabor. Anteriormente en el libro de Mateo, Jesús dijo que la gente de este mundo, que lo rechaza, está en la oscuridad. Así que animó a sus oyentes a ser una luz para este mundo oscuro. Al igual que la mantequilla sirve igual que la mermelada, con dejar que nuestras luces brillen, Jesús también nos animó a añadir un poco de sal a nuestras vidas dedicadas a vivir para él. Podemos usar la sal del Evangelio para mostrar la preservación de Dios para nosotros y para los demás. Podemos dar una buena rociada de la ley y el evangelio sobre nuestras conversaciones diarias. Y cuando otros están siendo negativos, podemos condimentar las cosas siendo un cristiano salado. Un cristiano que no es un perfecto sabelotodo, sino uno que se da cuenta de que es una criatura perdida y condenada, un seguidor de Dios que necesita mucho sabor en su vida, un sabor que sólo Cristo puede dar.

Así que coge el salero del evangelio que Dios te ha dado y, como en la cena, siéntete libre de pasar la sal.

 

Oración:

Bondadoso Creador, tú creaste la sal y también creaste la humanidad. Aunque nos creaste perfectos, ahora por el pecado nos deterioramos. Tal como la sal preserva los alimentos deteniendo su deterioro, también nos quieres usar como sal para la humanidad. Concédeme, te suplico, que en tus manos sea como sal que preserva, da sazón, ser un buen administrador de los dones que me diste y ser un instrumento de tu paz, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

 

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¿Pueden prestarme atención? | lunes 24 de marzo 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Zacarías 8, Apocalipsis 20:5–10)

¿Pueden prestarme atención?

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Antes de los smartphones y Facebook, los humanos podíamos concentrarnos en algo durante al menos 15 segundos antes de que nuestra mente empezara a divagar.

Hoy en día, los investigadores afirman que tenemos la capacidad de atención de un pez de colores: 8 segundos. Los científicos están experimentando con el cerebro de la mosca de la fruta -muy similar al cerebro humano- y esos bichitos tienen una capacidad de atención de 3 segundos.

Oye. Tú. Quédate aquí conmigo.

Como sociedad, nuestra capacidad de atención se ve comprometida por tantas cosas brillantes. Así que vemos menos. Nos fijamos menos. Prestamos menos atención.

Los anunciantes lo saben, por eso crean anuncios en YouTube que captan nuestra atención antes de que podamos pulsar el botón «Omitir».

Jesús también lo sabe. Falta atención en nuestras vidas. Jesús nos da su atención. Nos conoce. Nos quiere y nos sigue. Nos hace amigos. Nos ve. Nos ama. Todo el tiempo.

Aunque no merezcamos que Jesús se vuelva hacia nosotros con amor, Él sí lo hace. Como a un hombre que le interrogó «Jesús lo miró y lo amó» (Marcos 10:21, La Biblia Peshitta en Español[JC11] ).

Jesús te ve. Él ve tu dolor o tu soledad. Ve tu pecado, tu vergüenza e incluso tu rebelión. No se limita a fingir que no ha sucedido o a esperar que te recuperes. Él se da cuenta. Te mira y te ama.

La Biblia lo llama misericordia. Cuelga tu teléfono hoy -por lo menos 8 segundos- y tómate el tiempo de ver a alguien que también necesita tu misericordia.

 

Oración:

Misericordioso Dios, confieso que aunque no merezco tu misericordia, en realidad la necesito. Concédeme que mi corazón sea semejante al tuyo de modo que también yo sea misericordioso con quienes no merecen pero sí necesitan misericordia, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

 

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