¿QUIÉN ES ESTE? | viernes 3 de abril 2026

 

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 8:1–14, Lucas 8:22–25)
¿QUIÉN ES ESTE?

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Versículo del día
“Cuando Jesús entró en Jerusalén, todos en la ciudad se conmocionaron, y decían: ‘¿Quién es este?’ La multitud decía: ‘Éste es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea.’” — Mateo veintiuno: diez al once.

Reflexionemos:
Es incómodo cuando alguien te llama y no sabes quién es. No está guardado en tus contactos. Empieza a hablar como si te conociera, pero tú no lo reconoces. Llega el momento en que, con algo de pena, tienes que preguntar: “¿Quién eres?”

Eso fue lo que pasó en Jerusalén cuando Jesús entró el Domingo de Ramos. Muchos lo recibieron con entusiasmo, gritando “¡Hosanna!” Lo conocían. Lo habían visto sanar, enseñar, hacer milagros. Pero otros en la ciudad no sabían quién era. Y preguntaron: “¿Quién es este?”

La respuesta fue clara: “Este es Jesús, el profeta…” No un rey común. No un gobernante interesado en poder o fama. Un profeta. Uno que viene a hablar la Palabra de Dios.

Eso es lo que hace especial a Jesús. Él no vino a imponer sus deseos, sino a proclamar la voluntad del Padre. Vino a mostrarte la verdad sobre tu pecado —y también sobre tu salvación.

Y aún lo hace hoy. Cada vez que escuchas su Palabra, Jesús sigue siendo el profeta que te habla. No con opiniones pasajeras, sino con el mensaje eterno de perdón, gracia y vida nueva.

Así que cuando hoy alguien pregunte: “¿Quién es Jesús?”, tú puedes responder con convicción: es el Rey que no vino a ser servido, sino a servir. El profeta que nos dice la verdad. El Salvador que necesitamos.

 

Oración:

Señor Jesús, gracias por hablarme tu Palabra. Gracias por mostrarme quién eres y lo que hiciste por mí. Ayúdame a reconocerte siempre y a compartir tu verdad con otros. Amén.

 

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EL REY QUE VIENE EN UN ASNO | jueves 2 de abril 2026

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 6:12–7:29)

EL REY QUE VIENE EN UN ASNO

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Versículo del día:
“¡Llénate de alegría, hija de Sión! ¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu rey viene a ti, justo, y salvador y humilde, y montado sobre un asno, sobre un pollino, hijo de asna!” — Zacarías nueve:nueve

Reflexionemos:
Imagina por un momento a alguien que gobierna el mundo entero. ¿Cómo lo visualizas? Tal vez con traje elegante, rodeado de escoltas, poder en sus manos, mirada firme.

Ahora escucha cómo Dios describe a su Rey: justo, salvador… y montado en un asno.

Eso no parece imponente. No parece digno de un Rey del universo. Pero justo allí está el punto: Jesús no vino para impresionar, sino para salvar.

El Domingo de Ramos, Jesús entró a Jerusalén no con caballos de guerra ni coronas brillantes. Entró sobre un burro, cumpliendo esta profecía de Zacarías. Y lo que traía era mucho más que un acto simbólico. Traía lo que más necesitamos: salvación y paz.

Jesús no peleó con espadas. Peleó con obediencia. Su arma fue su vida perfecta. Su victoria fue la cruz. Y al morir por ti, derrotó al pecado. Al resucitar, aseguró tu eternidad.

Tú y yo a veces buscamos reyes humanos: éxito, control, poder. Pero ninguno de ellos puede darnos lo que Jesús ya nos dio: perdón completo y paz con Dios.

Hoy, da voces de júbilo. Tu Rey ha venido. No trae destrucción, sino redención. No exige, sino entrega. Y todavía reina… con poder, sí, pero también con amor.


Oración:

Señor Jesús, gracias por ser un Rey diferente. Gracias por venir con humildad y por traerme salvación. Que nunca me avergüence de ti, sino que te siga con gozo cada día. Amén.

 

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SIN LÍMITES | miércoles 1 de abril 2026

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 6:1–11, Lucas 8:19–21)

SIN LÍMITES

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Versículo del día:
“¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?” — Juan once : cuarenta

Reflexionemos:
Todos vivimos con límites. Nuestro cuerpo se cansa. Nuestras mentes se confunden. Nuestro tiempo se acaba. No importa cuánto avancemos en ciencia, tecnología o salud, la muerte sigue siendo un límite que no podemos cruzar por nuestra cuenta.

Pero Jesús no tiene límites.

Cuando llegó al sepulcro de Lázaro, la muerte ya había hecho lo suyo. Cuatro días en la tumba. Un olor fuerte. Una piedra sellando la entrada. Pero Jesús no retrocedió. Al contrario, ordenó que quitaran la piedra. Y dijo: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?”

Luego, oró al Padre y gritó con voz fuerte: “¡Lázaro, ven fuera!”
Y el muerto salió. Porque cuando Jesús habla, la muerte obedece.

Ese mismo Jesús fue a su propia tumba. Murió por ti. Por tus pecados. Pero tampoco la muerte pudo retenerlo. Salió vivo. Vencedor. Glorioso.

Él es el Dios sin límites. Su poder no tiene fin. Y su amor tampoco. En la cruz y la tumba vacía, lo demostró. Y prometió que un día, volverá a decir: “¡Salgan!” Y todos los que han creído en él resucitarán para vida eterna.

¿Tú crees esto? Si es así, verás la gloria de Dios.

 

Oración:

Señor Jesús, tú eres el Dios sin límites. Gracias por vencer a la muerte por mí. Fortalece mi fe en tu poder y en tu amor, y lléname de esperanza mientras espero el día en que tú me llames a la vida eterna. Amén.

 

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La voz que vence la muerte | martes 31 de marzo 2026

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 5:17–25, Lucas 8:16–18)

La voz que vence la muerte

 

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Versículo del día (RVC):
“Profundamente conmovido, Jesús fue al sepulcro, […] clamó a gran voz: ‘¡Lázaro, ven fuera!’ Y el que había muerto salió, con las manos y los pies envueltos en vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Entonces Jesús les dijo: ‘Quítenle las vendas, y déjenlo ir.’” — Juan 11:38, 43-44

Reflexión:
Un día te vas a encontrar frente a la tumba de alguien que amas. Quizás ya lo has vivido. Son momentos llenos de emociones, de recuerdos, de lágrimas… y de preguntas.

Jesús también estuvo allí. Juan 11 nos dice que Jesús lloró junto al sepulcro de su amigo Lázaro. Lloró con dolor verdadero. Pero no se quedó en el llanto. Dio una orden: “¡Lázaro, ven fuera!” Y la muerte tuvo que obedecer.

Lázaro salió. Vivo. Restaurado. Liberado.

Eso no fue solo un milagro para una familia. Fue una señal para todos nosotros. Porque Jesús dijo que él es la resurrección y la vida. Que los que creen en él vivirán, aunque mueran. Y un día, él volverá a hablar con esa misma voz de poder.

Jesús prometió que un día, todos los que han muerto en la fe oirán su voz. Y así como Lázaro salió, también lo harán ellos. Y también lo harás tú.

El cuerpo resucitará. El alma y el cuerpo serán reunidos. Ya sin enfermedad, sin pecado, sin llanto. Para vivir con él por siempre.

Hoy, escucha su voz en su Palabra. Deja que te llene de esperanza. Porque la misma voz que dijo “Consumado es” en la cruz, es la que te dirá: “Levántate.” Y todo estará bien.

 

Oración:

Señor Jesús, tu voz tiene poder sobre la muerte. Gracias porque un día me llamarás por mi nombre, y viviré contigo para siempre. Hazme escuchar y confiar en tu Palabra hasta ese día. Amén.

 

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¿Tú lo crees? | lunes 30 de marzo 2026

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 5:13–16, Lucas 8:4–15)

¿Tú lo crees?

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Versículo del día (RVC):
“Jesús le dijo: ‘Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?’” — Juan 11:25-26

Reflexión:
Muchos están dispuestos a decir que Jesús fue un gran maestro. Un modelo de amor y compasión. Un hombre sabio cuya vida inspira.

Pero Jesús no deja esa opción abierta. Él no se presenta como solo un maestro. Él dice: “Yo soy la resurrección y la vida.” Eso es mucho más que una enseñanza bonita. Es una declaración directa. Es una confrontación.

¿Quién puede decir algo así y esperar que lo tomen en serio? Si fuera mentira, no sería un buen hombre. Sería un manipulador. Y si estuviera delirando, sería un loco. Pero todo en la vida de Jesús —sus palabras, su compasión, su control sobre la muerte— apunta a una verdad más grande: él es quien dice ser.

El Hijo de Dios. El que venció la muerte. El que da vida eterna a todo el que cree.

Y al decirle esto a Marta, Jesús no solo le ofrecía consuelo. Le hizo una pregunta directa: “¿Crees esto?”

Esa misma pregunta te la hace hoy a ti.

No necesitas entenderlo todo. No necesitas tener una fe perfecta. Solo necesitas mirar a Jesús y decir: “Sí, creo.” Y en ese “sí” hay vida. Vida ahora, y vida para siempre.

 

Oración:

Señor Jesús, tú eres la resurrección y la vida. Creo en ti. Ayúdame en mis dudas, fortaléceme en mi fe, y hazme vivir confiando en tu victoria. Amén.

 

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Expectativa | domingo 29 de marzo 2026

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 5:11–12)

Expectativa

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Versículo del día (RVC):
“La creación aguarda con gran impaciencia la manifestación de los hijos de Dios.” — Romanos 8:19

Reflexión:
Durante muchos años, el telescopio espacial Hubble fue lo más avanzado en observación del universo. Pero en 2021, se lanzó el telescopio James Webb, mucho más grande y más poderoso. Está a más de un millón de kilómetros de la Tierra, y nos ha regalado imágenes asombrosas del espacio. Galaxias lejanas, nebulosas inmensas, estrellas que antes eran invisibles, ahora revelan con más detalle la obra majestuosa de Dios.

El Salmo 19 lo dijo mucho antes: “Los cielos proclaman la gloria de Dios.” Y estas nuevas imágenes solo subrayan esa verdad.

Pero hay algo aún más sorprendente. La Biblia nos dice que toda esa creación —todo eso que ahora podemos ver mejor— está esperando. Con impaciencia. ¿Esperando qué?

Esperando el día en que Jesús regrese. Esperando el fin del pecado, del sufrimiento, de la muerte. Esperando el momento en que Dios revele plenamente a sus hijos. Ese será el día en que se verá, sin duda alguna, quién pertenece a Cristo. El día en que el cielo nuevo y la tierra nueva serán realidad.

Es decir: la creación misma está mirando hacia el futuro. Hacia Jesús. Hacia su victoria final.

Y tú también puedes hacerlo. En medio de tus días difíciles, cuando la vida parezca confusa o vacía, levanta los ojos. La misma creación que te rodea te recuerda: esto no es todo. Jesús viene. Y con él, viene la plenitud de lo que ya nos ha prometido.

 

Oración:

Señor Jesús, gracias porque todo apunta a ti. Mientras espero tu regreso, ayúdame a vivir con esperanza, sabiendo que un día todo será restaurado. Amén.

 

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Una comparación que cambia todo | sábado 28 de marzo 2026

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 5:6–10, Lucas 8:1–3)

Una comparación que cambia todo

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Versículo del día (RV 2020):
“Pues estoy convencido de que lo que padecemos en este tiempo no es comparable con la gloria venidera que se ha de manifestar en nosotros.” — Romanos 8:18

Reflexión:
Esta devoción es para ti que estás sufriendo. Tal vez estás cargando con dolor físico constante. Tal vez es una tristeza profunda, una soledad que no se va. Quizás estás enfrentando vergüenza, recuerdos dolorosos, o el peso de una pérdida que partió tu corazón.

En esos momentos, uno busca alivio. A veces pensamos: “Hay otros que la están pasando peor.” Y sí, esa comparación puede ayudar… por un rato. Pero, ¿qué pasa cuando tú eres el que más está sufriendo en tu círculo? ¿Qué haces cuando no puedes encontrar alivio en mirar a tu alrededor?

Ahí es donde entra la mejor comparación: Jesús.

Él no solo vio tu dolor desde lejos. Lo cargó. Vino al mundo, vivió perfectamente, y sufrió lo que tú y yo nunca podríamos entender. Lo hizo para perdonarte. Lo hizo para asegurarte que tú nunca tendrás que sufrir el castigo eterno por tu pecado. Nunca.

Eso cambia todo.

Porque ahora, el sufrimiento que estás viviendo —por más intenso que sea— es temporal. Tiene final. Y del otro lado hay algo tan glorioso, tan maravilloso, que no se puede comparar: la vida eterna con Cristo. Donde no habrá más llanto, ni dolor, ni culpa. Solo gozo.

No estás solo. Tu dolor no es en vano. Jesús lo conoce, lo venció, y te promete algo mejor.

Oración:

Señor, en medio de este dolor, recuérdame que es pasajero. Gracias por tu sufrimiento en mi lugar, y por la gloria que me esperas. Fortalece mi fe y dame consuelo en tu promesa. Amén.

 

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Todo está bien | viernes 27 de marzo 2026

 

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 5:1–5, Lucas 7:36–50)
Todo está bien

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Versículo del día (RVC):
“Hazme el favor de ir corriendo a recibirla, y pregúntale cómo está ella, y su marido y su hijo. Ella respondió que estaba bien” — 2 Reyes 4:26

Reflexión:
Una madre está enfrentando lo impensable: su hijo ha muerto. Sin embargo, cuando el siervo del profeta Eliseo le pregunta cómo está, ella responde: “que estaba bien.”

¿Cómo puede decir eso? ¿Está negando la realidad? ¿Está fingiendo?

Quizás estaba tratando de mantener la calma hasta poder hablar con el hombre de Dios. Pero también es posible que esas palabras salieran de una confianza más profunda. Una confianza que no depende de las circunstancias, sino de quién es su Dios.

Tú y yo también pasamos por momentos oscuros. Sufrimos pérdidas, dolor, incertidumbre. Y en medio de todo, parece imposible decir: “Todo está bien.” Pero no lo decimos porque todo esté bajo control humano. Lo decimos porque Dios sigue siendo Dios.

Jesús vino a este mundo lleno de dolor. Vivió nuestras luchas, cargó nuestros pecados, y murió nuestra muerte. Pero resucitó. Y con su victoria, nos dio una promesa firme: “Estoy con ustedes. Siempre. No los dejaré.”

Eso significa que, aun en los peores días, podemos decir: “Todo está bien.” No porque entendamos todo. No porque no duela. Sino porque sabemos que Dios no ha dejado de ser fiel.

El mismo Dios que resucitó a ese niño por medio de Eliseo es el Dios que venció la muerte para ti. Y él sigue obrando.

 

Oración:

Señor, cuando el dolor me abrume, recuérdame que en ti todo está bien. Ayúdame a confiar, aunque no vea la salida, sabiendo que tú nunca me dejarás. Amén.

 

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Ya no esclavos del miedo | jueves 26 de marzo 2026

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 4, Lucas 7:18–35)

Ya no esclavos del miedo

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Versículo del día (NVI):
“Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos, y les permite clamar: ‘¡Abba, Padre!’” — Romanos 8:15

Reflexión:
Albert Windsor, mejor conocido como el rey Jorge VI, tenía miedo de hablar en público. Desde pequeño tartamudeaba, y cada vez que debía hablar frente a otros, el miedo lo paralizaba.

Pero un día, tuvo que hacerlo. Como rey, debía dirigir a su nación en un momento crítico: la Segunda Guerra Mundial. Por obligación, tenía que hablarle a millones.

Y lo hizo. ¿Cómo? Gracias al apoyo de un terapeuta que lo ayudó a enfrentar su miedo… y a recordar que no estaba solo.

Tú y yo también tenemos miedos. No siempre son micrófonos o escenarios, pero pueden ser igual de paralizantes: miedo al rechazo, a fracasar, a no ser suficientes, a perder a alguien, a enfrentar la muerte.

Pero cuando el Espíritu Santo nos trajo a la fe, todo cambió. Ya no somos esclavos del miedo. Ahora somos hijos de Dios. Y como hijos, podemos correr a él y decirle: “¡Padre!”

Eso no significa que nunca más sentiremos temor. Pero sí significa que no vivimos bajo su control. Porque ahora vivimos bajo la gracia. Somos parte de la familia de Dios. Y su Espíritu nos recuerda, una y otra vez, que no estamos solos.

Hoy, recuerda quién eres. Recuerda de quién eres. Y deja que el amor perfecto de tu Padre eche fuera todo temor.


Oración:

Padre celestial, gracias por adoptarme como tu hijo. Cuando el miedo quiera dominarme, recuérdame que en ti tengo seguridad. Lléname de tu Espíritu para vivir libre, confiado y en paz. Amén.

 

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No se trata de ti | miércoles 25 de marzo 2026

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 3:6–39)

No se trata de ti

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Versículo del día (RVC):
“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, en vez de hacer lo que nos agrada. Cada uno de nosotros debe agradar a su prójimo en lo que es bueno, con el fin de edificarlo. Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo.” — Romanos 15:1-3

Reflexión:
Vivimos en una cultura que repite: “Haz lo que te haga feliz.” Lo escuchamos en anuncios, lo vemos en redes sociales, y lo sentimos cuando el mundo nos invita a pensar primero —y a veces solo— en nosotros mismos.

Pero esa mentalidad choca con lo que Dios nos muestra en su Palabra.

Pablo escribe que los creyentes fuertes no deben usar su fuerza para beneficio personal, sino para ayudar a los débiles. Que no se trata de agradarnos a nosotros mismos, sino de agradar al prójimo para su bien. Y luego pone el ejemplo supremo: “Ni aun Cristo se agradó a sí mismo.”

¿Lo notas? Jesús no vino para vivir una vida cómoda. No buscó su bienestar. No se protegió del sufrimiento. Al contrario, eligió el camino más difícil: la cruz. Y lo hizo por ti. Porque te amó. Porque quería darte vida eterna.

Eso es lo que nos transforma. No es una ley que nos obliga a servir. Es el amor de Cristo que nos impulsa. Si él dio todo por nosotros, ¿cómo no vamos a pensar en los demás? ¿Cómo no vamos a ceder, perdonar, escuchar, servir?

Hoy, puedes marcar la diferencia. No buscando tener siempre la razón. No exigiendo tus preferencias. Sino viviendo con el mismo espíritu de Jesús: pensando en el bien de tu prójimo, y edificándolo con amor.

 

Oración:

Señor Jesús, gracias por no vivir para ti mismo, sino por entregarte por mí. Ayúdame a seguir tu ejemplo. Que hoy pueda vivir para servir, y amar como tú me has amado. Amén.

 

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