Míralos | viernes 11 de julio 2025
Ver serie: Meditaciones
El maltrato suele tener raíces generacionales. Como dice el refrán: «La gente que hiere, hiere a la gente». Si te crió un padre que te amenazaba físicamente o una madre que te degradaba a diario con sus palabras, es posible que hayas acabado sumido en la niebla sobre cómo deben funcionar las relaciones. Los maltratados pueden convertirse fácilmente en maltratadores.
Por eso es esencial que miremos a nuestro alrededor y veamos a las personas que Dios ha puesto en nuestro camino y que son capaces de ayudarnos a sanar. Santiago, el hermanastro de Jesús, escribió: «Confiesen sus pecados unos a otros, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es muy poderosa y efectiva» (Santiago 5:16). Hay poder sanador en el pueblo de Dios. Cuando confiesas tus pecados a los demás y ellos, a su vez, oran por ti, puedes sanar heridas y cambiar comportamientos mucho más rápido que si estuvieras solo.
Hoy te pido que los mires. A tu pastor, si tienes uno. Con consejeros cristianos en tu área que se especialicen en abuso. Con amigos que te conocen, aman a Jesús y tienen relaciones sanas. Sí, será humillante confesarles tus pecados y tu historia. Sí, puede haber consecuencias si la verdad sale a la luz. Pero es el mejor paso que puedes dar.
Si vienes de un largo linaje de personas que hacen daño, el ciclo puede detenerse. Tu árbol genealógico puede cambiar. Por favor, míralos. Así es como Dios nos ayudará y nos sanará.
Oración:
Misericordioso Señor. Te bendigo y agradezco por cada siervo tuyo que has puesto en la iglesia para auxiliar a quienes necesitan ayuda para enfrentar los ciclos de abuso generacionales. Concédeme ser un instrumento de tu paz que no sea obstáculo para sanar las heridas resultantes de esta forma de abuso, por Jesucristo tu Hijo. Amén.








