CASTILLO FUERTE ES NUESTRO DIOS | martes 29 de octubre 2024

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes. Selah.

Salmo 46:1–3

(Lectura de la Biblia en tres años: Jeremías 37, Hebreos 2:5–11)

CASTILLO FUERTE ES NUESTRO DIOS

 

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Cerca del año 400 d.C., el monje británico Pelagio comenzó a enseñar que cada ser humano es capaz de hacer buenas obras que le ganen la salvación. Agustín de Hipona refutó el pelagianismo y así Pelagio fue apartado de la iglesia. Con el tiempo, los discípulos de Pelagio lograron introducir entre los líderes de la iglesia una modificación de su falsa doctrina que, como la levadura, creció y llevó a la apostasía a casi toda Europa. El semipelagianismo enseña que el ser humano puede salvarse por sus propias obras con la ayuda de Dios. Para el año 1517 el semipelagianismo llegó a incluir la idea de que un ser humano puede comprar, con dinero, las buenas obras hechas por otros cristianos y así alcanzar el perdón. Se las llamó indulgencias pues servían para tener el perdón de pecados.

Muchos cristianos de aquella época sabían que esa era una doctrina falsa pero no podían oponerse, pues la defendían las grandes autoridades religiosas y civiles del Sacro Imperio Romano. El 31 de octubre de ese año el Dr. Martín Lutero convocó a los intelectuales cristianos a elaborar una respuesta a esta herejía planteando 95 cuestiones (tesis) que el pueblo cristiano rechazaba de esta herejía. Los líderes civiles y religiosos quisieron presionar a Lutero para que retroceda en sus denuncias y que reconozca que estaba equivocado. Lutero, resistió firme en la fe. Se aferró a la enseñanza bíblica de que el perdón de los pecados lo ganó Cristo y que mandó otorgarlo gratuitamente a los pecadores arrepentidos. Cuando le dieron la última oportunidad de retractarse Lutero dijo: ««A menos que se me persuada por testimonios de las Escrituras o por razonamientos evidentes, […] me siento vinculado con los textos escriturísticos que he citado y mi conciencia continúa cautiva de las palabras de Dios. Ni puedo ni quiero retractarme de nada, porque no es ni seguro ni honrado actuar en contra de la propia conciencia.» (El Caso Lutero, por César Vidal. Pág. 174)» Cuando, en gratitud, nos aferramos a la verdadera doctrina podemos estar seguros de que Dios es nuestra protección como lo fue de Lutero.

Oración:

Aunque merecemos tu justa ira y tu castigo, te pedimos, ¡oh Padre de misericordia!, que perdones nuestro pecado y nuestras muchas rebeliones. Defiéndenos de todo mal y peligro, en nuestro cuerpo y en nuestra alma. Líbranos de doctrinas falsas y perniciosas, y de guerra y derramamiento de sangre, de las tempestades y las sequías, de los incendios, de las epidemias, de la angustia del corazón y del desesperar de tu misericordia. En todo tiempo sé Tú nuestra ayuda eficaz. Amén.

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CÓMO VENCER AL DIABLO | lunes 28 de octubre 2024

Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos.

1 Pedro 5:8–9

(Lectura de la Biblia en tres años: Jeremías 36, Hebreos 2:1–4)

CÓMO VENCER AL DIABLO

Ver serie: Meditaciones

La Biblia enseña que el diablo es nuestro enemigo y que debemos resistirlo firmes en la fe ¿Qué significa resistir al diablo firmes en la fe? ¿Cómo es esa resistencia?

Algunas personas se imaginan que resistir firmes al diablo consiste en ayunar o en orar muchas horas ordenándole que se vaya al abismo. Pablo nos dice que tales prácticas «Tienen sin duda apariencia de sabiduría, con su afectada piedad, falsa humildad y severo trato del cuerpo, pero de nada sirven frente a los apetitos de la naturaleza pecaminosa.» (Colosenses 2:23). La Biblia no manda que resistamos al diablo firmes en el ayuno y la oración. Claramente dice, «firmes en la fe». Para comprender esto es importante saber que la Biblia usa la palabra «fe» en más de un solo sentido. Por ejemplo, la fe salvadora es una convicción que Dios crea en el corazón del hombre. No podemos producir fe salvadora por nosotros mismos, aunque nos esforcemos mucho en conseguirlo (Efesios 2:8; Romanos 10:17) La fe salvadora es la convicción, la confianza en que Dios ya hizo todo lo necesario para salvarnos. Por otra parte, «fe» también se refiere a lo que los cristianos creemos, es decir, la sana doctrina. En ese sentido Judas escribe: «Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.» (Judas 3 RV60). Aquí fe se refiere al contenido de lo que creemos, a nuestra confesión de fe, la sana doctrina. Solo el evangelio puro puede otorgarnos fe verdadera y mantenernos firmes en esa fe. El evangelio puro es la fe que creemos y también es el medio por el cual recibimos y somos fortalecidos en la fe con la que confiamos en Cristo. Por esto Pablo escribe: «Ahora, hermanos, quiero que se acuerden del evangelio que les he predicado. Este es el evangelio que ustedes aceptaron, y en el cual están firmes. También por medio de este evangelio se salvarán, si se mantienen firmes en él, tal como yo se lo anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano» (1 Corintios 15:1,2 DHH). En gratitud a Cristo y sus méritos, por los cuales ganó nuestra salvación, vamos a querer permanecer firmes en la fe y así resistir al diablo.

Oración:

Señor, te suplico que por tus medios de gracia: el evangelio anunciado, el bautismo y la cena del Señor me afirmes en la verdadera fe para la vida eterna. Y por el poder de esa fe me afirmes en la verdadera doctrina de modo que ningún engaño del diablo me arrastre, sino que fortalecido por tu palabra le resista victoriosamente firme en la fe. Amén.

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EL CELO POR LA DOCTRINA | domingo 27 de octubre 2024

 

Les ruego, hermanos, que se cuiden de los que causan divisiones y dificultades, y van en contra de lo que a ustedes se les ha enseñado. Apártense de ellos. Tales individuos no sirven a Cristo nuestro Señor, sino a sus propios deseos. Con palabras suaves y lisonjeras engañan a los ingenuos.

Romanos 16:17–18

(Lectura de la Biblia en tres años: Jeremías 35, Hebreos 1:5–14)

EL CELO POR LA DOCTRINA

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El problema de la levadura en la doctrina no es algo sin importancia. Puesto que solo el evangelio tiene el poder de salvar y que el Espíritu Santo nos otorga el don de la fe mediante el evangelio, el peligro de contaminar el evangelio es grande pues puede llegar a debilitar la fe de los creyentes. Una fe débil puede perderse fácilmente. Por esa razón Pablo exhorta: «Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.» (Romanos 16:17 RV60)

No hay mucha dificultad en apartarse de una persona que tuerce la doctrina. Pero cuando la levadura ha crecido y ha llegado a contaminar no solo a los líderes de una congregación sino también a la gran mayoría de ellos, obedecer a la Palabra de Dios puede llegar a ser muy duro. En el siglo cuarto, en Alejandría (Egipto) un hereje llamado Arrio enseñó que Cristo no era Dios, el Hijo, y solo era la primera criatura de Dios. El pastor Alejandro y el diácono Atanasio, ante la persistencia de Arrio en su falsa doctrina, lo apartaron de la iglesia. Arrio promovió su falsa doctrina por todo el Imperio Romano y ganó a muchos al punto que su seguidor, Eusebio de Nicomedia, llegó a ser el instructor del emperador Constantino y de sus hijos. A la muerte de Constantino sus hijos apoyaron la persecución contra los cristianos trinitarios. Un día alguien le dijo a Atanasio: «Atanasio, todo el mundo está contra ti». Él respondió: «Qué así sea, Atanasio contra todo el mundo» Atanasio aplicó a su vida el principio que Dios le dio al profeta Jeremías: «Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.» (Jeremías 15:19 RV60). En gratitud a la preciosa vida y sangre de Cristo vamos a querer hacer lo mismo.

Oración:

Concédeme, Señor, el querer mantener mi mirada en ti y en tu obra redentora, de manera que en mí haya tal gratitud que me mueva a compartir el evangelio a los demás, revela en mi vida el amor que tú me has mostrado en tu Hijo. Te suplico me santifiques en la verdad de manera que no me haga cómplice de la mentira cuando el enemigo mediante sus estrategas quiere adulterar el mensaje. Amén.

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TIEMPO PARA CORREGIR | sábado 26 de octubre 2024

Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.

2 Timoteo 3:16–17

(Lectura de la Biblia en tres años: Jeremías 34, Hebreos 1:1–4)

TIEMPO PARA CORREGIR

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Así como la Biblia enseña que «Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. [Hay] tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras.» (Eclesiastés 3:1,5 RV60). En la iglesia hay un tiempo para desechar la levadura de la falsa doctrina. ¿Cómo así?

Cuando Dios instituyó la fiesta de la Pascua mandó a los israelitas que eliminen toda levadura de sus casas para celebrar la fiesta. Ese era el tiempo de Israel para celebrar sin levadura. A los cristianos El apóstol Pablo nos amonesta: «¿No se dan cuenta de que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Desháganse de la vieja levadura para que sean masa nueva, panes sin levadura, como lo son en realidad. Porque Cristo, nuestro Cordero pascual, ya ha sido sacrificado.» (1 Corintios 5:6,7). Eso significa que necesitamos confrontar el pecado y la falsa doctrina inmediatamente. Eliminarla tan pronto sea posible pues contaminará toda la masa. Esta es la responsabilidad principal de los líderes en las iglesias visibles (Efesios 4:11–14 cf. Tito 1:7–11; Romanos 16:17,18) Pero ¿Qué hacer cuando son los líderes mismos quienes se han contaminado con la falsa doctrina? La Palabra de Dios nos manda separarnos de ellos pues debemos obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:18,19) Cuando el apóstol Pablo encontró que ciertos líderes enseñaban falsa doctrina testimonia que «Ni por un momento accedimos a someternos a ellos, pues queríamos que se preservara entre ustedes la integridad del evangelio.» (Gálatas 2:5). El evangelio puro es un gran tesoro encomendado a la iglesia. Mediante el verdadero evangelio la fe es otorgada al pecador arrepentido. Nosotros fuimos salvados mediante ese evangelio. En gratitud vamos a querer ser celosos guardianes de la verdad eliminando y guardándonos de la levadura de los fariseos.

Oración:

Señor, confieso que a mi viejo Adán le agrada pensar que algún mérito puedo tener para ganar la salvación o para serte agradable tratando de cumplir la ley moral. Pero tu palabra me enseña que todas mis buenas obras son delante de ti como trapo de inmundicia. A ti te agradan solo las buenas obras de tu Hijo Jesucristo. Gracias te doy porque esas buenas obras me han sido atribuidas a mi favor gratuitamente y porque sólo por sus méritos tengo la salvación. Concédeme permanecer firme en esta verdad y rechazar con firmeza y convicción la falsa doctrina del diablo. Amén.

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EL PODER DE LA LEVADURA | viernes 25 de octubre 2024

«Un poco de levadura fermenta toda la masa.»

Gálatas 5:9

 

(Lectura de la Biblia en tres años: Jeremías 33, Filemón 15–25)
EL PODER DE LA LEVADURA

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El señor Jesucristo advirtió a sus discípulos contra la falsa doctrina que lleva a la apostasía usando la comparación del fermento de la levadura: «Tengan cuidado —les advirtió Jesús—; eviten la levadura de los fariseos y de los saduceos.» Ellos tardaron en entender que el Señor no hablaba de la levadura del pan y les dijo: «¿Cómo es que no entienden que no hablaba yo del pan sino de tener cuidado de la levadura de fariseos y saduceos? Entonces comprendieron que no les decía que se cuidaran de la levadura del pan sino de la enseñanza de los fariseos y de los saduceos.» (Mateo 16:6, 11,12). Esa enseñanza es el legalismo que insiste en que el hombre puede hacer algo bueno para salvarse. ¿Por qué es peligrosa esa enseñanza?

Cada ser humano nace con un buen concepto de sí mismo. Nos agrada creer que, aunque fallamos no somos tan malos como otros. La Biblia dice que «No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 6:22,23 RV60) Tanto si solo hemos cometido un pecado muy pequeño en toda nuestra vida, como si fuimos los más grandes pecadores, todos merecemos el infierno eterno: «Porque el que cumple con toda la ley, pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda.» (Santiago 2:10). La Biblia enseña que todos merecemos toda la ira de Dios y nada podemos hacer para solucionarlo; pero que Cristo sí hizo todos los méritos necesarios para salvarnos de nuestra triste situación. El legalismo enseña que no somos tan pecadores y que con algo de esfuerzo de nuestra parte podemos hacer méritos para agradar a Dios y así ayudar a Cristo para salvarnos. El legalismo enseña: «Cristo pagó tu pecado, ahora tu parte es obedecer la ley moral: lee la Biblia, busca una congregación, adora a Dios, toma una decisión por Cristo» De esa manera la salvación es resultado de lo que Cristo hizo más lo que el hombre hace. Eso le quita todo el mérito de la salvación a Cristo y le asigna una parte al ser humano. Esta falsa enseñanza ha contaminado la iglesia muchas veces. Incluso hubo un tiempo en que casi nadie predicaba la salvación por la sola gracia mediante la sola fe sin las obras de la ley. Pablo escribió las cartas a los Gálatas y a los Romanos para refutar esa falsa doctrina. Nosotros somos salvos solo por los méritos de Cristo y en gratitud queremos hacer buenas obras, pero no para quitarle su mérito sino para expresar nuestro amor.

Oración:

Concédeme, Señor, el querer mantener mi mirada solo en ti y en tu obra redentora, que en mí haya tal gratitud que me mueva a compartir el evangelio a los demás. Revela en mi vida el amor que tú me has mostrado en tu Hijo. Santifícame en la verdad de modo que no sea cómplice de la mentira cuando el enemigo, mediante sus estrategias, quiere adulterar el mensaje. Amén.

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LA APOSTASÍA PROFETIZADA | jueves 24 de octubre 2024

Sé que después de mi partida entrarán en medio de ustedes lobos feroces que procurarán acabar con el rebaño. Aun de entre ustedes mismos se levantarán algunos que enseñarán falsedades para arrastrar a los discípulos que los sigan. Así que estén alerta. Recuerden que día y noche, durante tres años, no he dejado de amonestar con lágrimas a cada uno en particular.

Hechos 20:29–31

(Lectura de la Biblia en tres años: Jeremías 32:20–44, Filemón 8–14)

LA APOSTASÍA PROFETIZADA

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La ley moral nos enseña cuál es la voluntad de Dios. También nos muestra que hemos pecado contra Dios y que por eso merecemos padecer toda la ira de Dios en el infierno. Son malas noticias que desesperan al pecador que entra en conciencia de lo malo que ha hecho. Por amor, Dios ha enviado a su Hijo para salvarnos. El evangelio son las buenas noticias de lo que Cristo hizo para salvarnos del castigo eterno. Pero el diablo no quiere que la gente conozca las buenas noticias y sea salvada. Por eso fabricó una versión falsificada del evangelio. Muchas personas han creído la falsificación del diablo y la han estado enseñando a través de los siglos. La Biblia profetizó que habría un evangelio falsificado y que muchos lo seguirían. A este evento la Palabra de Dios llama «La apostasía» ¿Qué es la apostasía?

Apostasía es una palabra de origen griego que significa rebelión y en el Nuevo Testamento se refiere a la rebelión del diablo y sus seguidores contra el puro evangelio de Cristo (Gálatas 1:6–9 cf. 2 Tesalonicenses 2:3). Esta rebelión comenzó con el legalismo que algunos fariseos introdujeron en la iglesia visible cuando enseñaron que el evangelio exigía algunas obras de parte del hombre: «Para salvarte Dios ya hizo su parte, ahora te toca hacer la tuya». La doctrina cristiana pura enseña que Cristo lo hizo todo y nada es necesario añadir, por lo que la salvación es totalmente gratis. El legalismo enseña que a nosotros nos toca hacer algo. Puesto que el legalismo es una enseñanza contra Cristo, su principal promotor es el anticristo. Pablo dice que hay una maldición para quien enseña el evangelio contaminado: «No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo. Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición!» (Gálatas 1:7,8). Puesto que la Biblia da testimonio que Cristo vino para salvarnos, entonces vamos a querer creer eso sin dudar en modo alguno y querer ser celosos guardianes de la verdad y no permitir que se adulterada.

Oración:

Señor, has encomendado a tu iglesia la misión de dar a conocer toda la verdad. No podemos hacerlo solo con nuestras propias fuerzas. Por eso te suplico nos concedas el valor para asumir nuestra responsabilidad y nos concedas firme convicción para defender la fe una vez dada a los santos. Amén.

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EL PODER DEL EVANGELIO | miércoles 23 de octubre 2024

En efecto, no fue mediante la ley como Abraham y su descendencia recibieron la promesa de que él sería heredero del mundo, sino mediante la fe, la cual se le tomó en cuenta como justicia. Porque si los que viven por la ley fueran los herederos, entonces la fe no tendría ya ningún valor y la promesa no serviría de nada.

Romanos 4:13–14

(Lectura de la Biblia en tres años: Jeremías 32:1–19, Filemón 1–7)

EL PODER DEL EVANGELIO

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La ley moral nos muestra cuán pecadores somos; es como un termómetro que detecta la fiebre, pero no puede eliminarla. Puesto que la ley moral no puede salvarnos ni darnos nueva vida necesitamos el evangelio ¿Qué es el evangelio y cuál es su poder?

El evangelio no es ley moral. No nos exige ser santos, ni obedecer la voluntad de Dios perfectamente. Si alguno enseña que el evangelio es una nueva ley moral superior, el tal está muy equivocado. Evangelio significa buena noticia: el evangelio es la buena noticia de lo que Jesucristo hizo para salvarnos. El evangelio nos habla de la perfecta obediencia de Jesucristo a la ley moral de Dios que nosotros no pudimos, ni podemos obedecer perfectamente. Nos dice que Jesús vivió 33 años obedeciendo perfectamente la voluntad de Dios en lugar de nosotros (1 Pedro 2:22; Romanos 5:19) Llamamos obediencia activa a la vida santa y pura que Jesucristo vivió en lugar nuestro. Pero, para pagar el castigo que merecemos por nuestros pecados él tuvo que padecer en la cruz toda la ira de Dios en lugar nuestro: «Él fue traspasado por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados […] Como cordero fue llevado al matadero» (Isaías 53:5,7) Llamamos a sus padecimientos obediencia pasiva. El evangelio nos habla de la obediencia pasiva y activa de Cristo como nuestro sustituto. Esa es una buena noticia para el pecador que se siente aterrorizado de haber ofendido a Dios con sus pecados pues le anuncia que Dios ha solucionado el problema en Cristo. Esa buena noticia tiene el poder de salvar, pues da perdón y vida eterna: «Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree» (Romanos 1:16)

(Filipenses 4:8)

Oración:

Señor, confieso que por mi propia razón o elección no puedo creer en Jesucristo, mi Señor, ni acercarme a él. Sino que el Espíritu Santo me ha llamado mediante el evangelio, me ha iluminado con sus dones, me ha santificado, me hizo parte del Israel de Dios y me guardado en la fe verdadera. De la misma manera llama, congrega, ilumina y santifica a toda la iglesia cristiana en la tierra, y en Jesucristo la conserva en la verdadera fe. En esta iglesia cristiana diaria y completamente él me perdona a mí y a todos los creyentes todos los pecados. Y en el último día me resucitará a mí y a todos los muertos. Y nos dará vida eterna a mí y a todos los que creen en Cristo. Esto es ciertamente la verdad. Por eso estoy agradecido pues grande es tu misericordia. Amén.

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EL PODER DE LA LEY | martes 22 de octubre 2024

Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por éstas nadie será justificado.

Gálatas 2:16

(Lectura de la Biblia en tres años: Jeremías 31:27–40, Tito 3:12–15)

EL PODER DE LA LEY

 

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Cuando yo era niño e iba al médico, me tomaban la temperatura con un termómetro de vidrio que tenía que estar sujeto a alguna parte de mi cuerpo por algunos minutos. Hoy, a la entrada de los Bancos, supermercados e inclusive calles se utilizan termómetros que no entran en contacto con la persona y miden la temperatura en apenas unos segundos. Aunque el termómetro es útil para diagnosticar si alguien tiene fiebre, no está tan avanzado como para sanar esa fiebre.

Algo similar sucede con la ley moral de Dios: puede ayudar a evidenciar nuestro problema: «somos pecadores». Pero esa misma ley moral no puede solucionar nuestro problema. Debido al pecado de Adán nosotros nacemos muertos espiritualmente y por tanto somos incapaces de obedecer perfectamente la ley moral de Dios (Efesios 2:1) Tal como Pablo lo explica «Los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden» (Romanos 8:7 RV60) «Si hubiera una ley que pudiera dar vida a la gente, entonces podríamos estar bien con Dios cumpliendo la ley.» (Gálatas 3:21 NTV) La ley no puede darnos vida nueva. Solo puede diagnosticar que estamos muertos en delitos y pecados. Ese es el poder de la ley. Usar la ley para hacer creer a las personas que pueden cumplirla y que si la cumplen merecen el cielo es enseñar todo lo contrario a la enseñanza bíblica. El poder de la ley es mostrarnos nuestro problema y las consecuencias de nuestro problema: «Somos y hemos nacido pecadores y por eso merecemos padecer toda la ira de Dios eternamente». Si la ley nos lleva a quedar aterrorizados ante tal perspectiva, entonces ha cumplido su misión, que es mostrarnos la urgente e imperiosa necesidad de un salvador. Cumplir la ley no nos salva pues nadie la cumple perfectamente. Cristo es el salvador que sí cumplió la ley moral perfectamente y lo hizo en lugar nuestro: «Porque así como por la desobediencia de un hombre [Adán] los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno [Jesucristo] los muchos serán constituidos justos.» (Romanos 5:19). Son sus méritos los que nos salvan.

Oración:

Te doy gracias, Señor que por tu evangelio me diste perdón de pecados y vida eterna gracias a los méritos de tu Hijo Jesucristo. Lo hiciste cuando el Espíritu Santo obró en mí fe y vida nueva por el poder de tu Palabra unida al agua al ser bautizado. Por tus medios de gracia, afírmame en esa misma fe. Amén.

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LA ORACIÓN Y LA GUERRA ESPIRITUAL | lunes 21 de octubre 2024

Ustedes deben orar así: […] líbranos del maligno

Hebreos 4:12

(Lectura de la Biblia en tres años: Jeremías 31:1–26, Tito 3:1–11)

LA ORACIÓN Y LA GUERRA ESPIRITUAL

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Santiago enseña: «Que nadie, al ser tentado, diga: «Es Dios quien me tienta.» Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie. Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen.» (Santiago 1:13–14). Aunque existen tentaciones que provienen de la carne y del mundo, al final de cuentas, todas proceden del maligno. Es el diablo quien tentó a Eva en el paraíso y quien tentó a Jesucristo en el desierto. El diablo está en continua guerra contra el pueblo de Dios procurando no solo que caigan en pecado, sino que le sucedan cosas malas. ¿Cómo así?

Cristo pone esta petición al final de la oración porque el diablo ha venido y es un ladrón que viene a «robar, matar y destruir» (Juan 10:9). Quiere robarnos todas las bendiciones que pedimos en las otras peticiones de la oración que Cristo enseñó. Pablo obraba de modo «que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus artimañas.» (2 Corintios 2:11). El diablo solo tiene poder para dañarnos cuando nuestra confianza está puesta en cualquier cosa que no sea Dios mismo. Así que procurará que confiemos en lo que sea, más que en el Señor. Puesto que nuestro viejo Adán tiene esa tendencia, es importante clamar a Dios que sea él quien nos libre del maligno. Si Dios no nos protegiese, no estaríamos ni una hora seguros ante el diablo. Dios quiere que le roguemos también por todo lo que atañe a nuestro cuerpo y que no busquemos ni esperemos auxilio alguno, sino en él. Si queremos ser guardados de todo mal y quedar libres de él, previamente debe santificarse el nombre de Dios en nosotros; ha de estar su reino entre nosotros y hacerse su voluntad. Después, finalmente, nos preservará de pecados y deshonra y, además, de todo lo que nos duele y nos daña. Solo Dios puede librarnos del maligno. En gratitud vamos a querer confiar solo en él para ser guardados de todo mal.

Oración:

Señor, aunque merecemos tu justa ira y tu castigo, te pedimos, ¡oh Padre de misericordia!, que perdones nuestro pecado y nuestras muchas rebeliones. Defiéndenos de todo mal y peligro, en nuestro cuerpo y en nuestra alma. Líbranos de doctrinas falsas y perniciosas, y de guerra y derramamiento de sangre, de las tempestades y las sequías, de los incendios, de las epidemias, de la angustia del corazón y del desesperar de tu misericordia. En todo tiempo sé tú nuestra ayuda eficaz. Amén.

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JESÚS ENSEÑA A CONFIAR EN DIOS PARA VENCER TENTACIONES | domingo 20 de octubre 2024

 

Ustedes deben orar así: […] Y no nos dejes caer en tentación.

Mateo 6:9a, 13

(Lectura de la Biblia en tres años: Jeremías 24:1–25:14, 2 Timoteo 4:1–3)

JESÚS ENSEÑA A CONFIAR EN DIOS PARA VENCER TENTACIONES

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Cuando aprendemos la ley moral también aprendemos la voluntad de Dios. El apóstol Pablo escribió: «Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.» (Efesios 5:17 RV60) Conocer la voluntad de Dios es parte de conocer a Dios. Dios quiere, no solo que conozcamos su ley moral, también quiere que la obedezcamos perfectamente (Mateo 5:48). Pero ningún ser humano puede obedecer la voluntad de Dios perfectamente: «Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.» (Eclesiastés 7:20 RV60) Por eso es importante que después de estudiar cada uno de los diez mandamientos confesemos: «Dios quiere que obedezcamos este mandamiento perfectamente, pero no podemos». No reconocer esta verdad puede llevarnos a tener una amarga experiencia ¿Cómo así?

Cuando Jesús iba a ser arrestado, profetizó a Pedro que él le negaría y animó a los discípulos a orar para no caer en tentación. Pedro se imaginaba que él podía vencer esa tentación en su propia capacidad y aseguró porfiadamente: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo». Del modo más doloroso aprendieron que su viejo Adán cae frente a la tentación. No prestaron atención a las palabras de Jesús: «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.» Pablo describe esta verdad cuando confiesa: «Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.» (Mateo 26:33–35, 41; Romanos 7:18,19 RV60). Cristo venció todas las tentaciones en lugar de nosotros y en la cruz sufrió toda la ira de Dios para salvarnos. En gratitud vamos a querer buscar su auxilio frente a la tentación confiando en él para vencerlas y no en nosotros mismos (Jeremías 17:5–9)

Oración:

Señor, pecador he nacido y lo único que puedo hacer es ofenderte, pecar contra ti y merecer toda tu ira. Por los méritos de tu Hijo conviérteme, y seré convertido. No hagas conmigo conforme a mis rebeliones sino conforme tu misericordia hágase en mí conforme tus mandatos y promesas evangélicas. En tu misericordia, no permitas que yo caiga en ninguna de las tentaciones de mi carne, del mundo, ni del diablo. Amén.

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