El asombroso Merlín | domingo 26 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Daniel 2:1–21, 1 Juan 5:6–12)

El asombroso Merlín

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Recientemente, conocí a un hombre asombroso llamado Merlin. Merlín es un carpintero de 81 años que puede superar a un equipo de 20 obreros de la construcción. Durante el reciente proyecto de construcción de nuestra iglesia, vi a Merlín donar su don dado por Dios para nuestro nuevo espacio de culto. ¿El escenario construido completamente en madera? Obra de Merlín. ¿Las 24 hermosas mesas de café para el vestíbulo? Obra de Merlín. ¿La mesa de la sala de conferencias de 12 pies que te deja sin aliento? Obra de Merlín.

En la mitad del proyecto, le pregunté a nuestro contratista general cuánto dinero estaba ahorrando Merlín a nuestra iglesia donando su tiempo y su talento. “Cincuenta mil dólares”, respondió el contratista. Atónito, fui a buscar a Merlín para agradecerle su generoso corazón. Eventualmente lo encontré, sentado en el suelo con sus vaqueros cubiertos de aserrín, comiendo tranquilamente un sandwich de su vieja caja de almuerzo. Me sonrió, asintió con la cabeza un ”De nada” y regresó al trabajo.

Merlín me hace pensar en las palabras de Pedro sobre el objetivo de los dones que Dios nos ha dado: “Ponga cada uno al servicio de los demás el don que haya recibido,…para que Dios sea glorificado en todo por medio de Jesucristo, de quien son la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (1 Pedro 4:10,11).

En los años venideros, muchas personas compartirán un café en el vestíbulo, compartirán ideas en la sala de conferencias y predicarán/cantarán el Evangelio desde el maravilloso escenario de nuestra iglesia. Pueden olvidarse del nombre de Merlín, pero ruego que todos recordemos el glorioso nombre de Jesús. Y oro para que tu don haga lo mismo.

Oración:

Magnánimo Señor, de tu mano recibimos un sinfín de dádivas que realmente no merecemos y tampoco agradecemos. Dame un corazón agradecido como el de tu Hijo Jesucristo de tal manera que en gratitud a tu amor incondicional yo esté a tu servicio y al servicio de mi prójimo con los dones que me has concedido para tu gloria. Amén.

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Modo Sumisión | sábado 25 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Daniel 1, 1 Juan 5:1–5)

Modo Sumisión

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“Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo” (Efesios 5:21 NVI).

Señoras y señores, niños y niñas, tengo un anuncio que hacer. Todos estamos en modo sumisión. Porque estoy en modo de sumisión, no es mi lugar para decirte cómo debes hacer tu sumisión. Todavía estoy tratando de averiguar la mía. No tengo tiempo para mirar por encima de tu hombro y decirte cómo someterte. Pero si quieres algunas sugerencias de Dios sobre la sumisión, sigue leyendo en Efesios. Las esposas deben someterse a sus maridos. Los maridos deben sacrificarse por sus esposas. Los hijos deben obedecer a sus padres. Jesús se entregó por todos nosotros. Este es un misterio profundo, y todos estamos juntos en esto. Todos estamos en modo sumisión. Cualquier intento de aislar la manera de someterse de un cristiano a la de otro es un fracaso en la sumisión.

¿Cómo es una sociedad de mutua sumisión? Nadie impone su rango de autoridad porque no lo hay. Hay orden porque estamos de acuerdo y nos sometemos a él. Puede resultar un poco incómodo en las entradas y salidas de nuestras empresas. La cortesía puede complicar las cosas. “Deja que te abra la puerta”. “No, déjame abrir la puerta por ti”. “Tú vas primero”. “No, tú vas primero”. “¿Quién está a cargo aquí?” “No entiendo la pregunta”. “Bueno, entonces, ¿quién se lleva el crédito?” “Todavía no entiendo la pregunta”.

Oración:

Altísimo Dios, nadie es más grande que Tú y sin embargo, muchas veces nos imaginamos superiores a los demás olvidando que aún tu Hijo se humilló y vino para servir. En tu misericordia, me has perdonado mi pecado de soberbia gracias a los méritos de tu Hijo. Concédeme en gratitud a tu inmenso amor, ser humilde y dócil ante Ti y ante mi prójimo, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

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Tesoro escondido | viernes 24 de enero 2025

 

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 48:14–35, 1 Juan 4:13–21)
Tesoro escondido

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“El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. Cuando alguien encuentra el tesoro, lo esconde de nuevo y, muy feliz, va y vende todo lo que tiene, y compra ese campo” (Mateo 13:44).

La mayoría de nosotros entendemos así la parábola de Jesús: El hombre en la parábola representa a los creyentes. El punto es que Dios quiere que los creyentes lo dejen todo con alegría para seguir a Jesús, nuestro mayor tesoro.

Esa es una buena interpretación bíblica. Pero vale la pena señalar que las parábolas que rodean a ésta en Mateo 13 se enfocan en la acción y actitud de Dios, no en la de los creyentes.

¿Qué tal si miramos la parábola desde esa perspectiva, como la acción de Dios y no la nuestra?

Ahora el hombre de la parábola es Jesús.

Y el tesoro. . . ¿podría ser? . . . ¡eres tú!

Cuando leo la parábola de la primera manera, me siento un fracaso. Simplemente no puedo compararme con ese hombre. Oh, yo renuncio a mi tiempo de almohada el domingo para asistir a la iglesia. Doy mi tiempo y mis talentos. ¿Pero dejarlo todo por Jesús? ¿Con alegría? No. La parábola me muestra hasta qué punto he caído.

Pero ahora imaginemos al hombre de la parábola como Jesús, quien dejó todo con alegría. No sólo su almohada, sino también su trono, la intervención de los ángeles y su vida, todo para recuperar la corona de su creación.

Aquel que nos compró a un precio tan alto nunca se despreocupará de nuestras necesidades, temores u oraciones. Somos el valioso tesoro de Jesús.

Y Él es nuestro.

Oración:

Rey del Universo y dueño de la Creación, todas las cosas te pertenecen y no necesitas que nadie te dé nada. Por el contrario, yo soy tan pobre que nada puedo ofrecerte. No soy dueño de nada excepto de mi propio pecado. Pero hoy te doy gracias porque Tú recibes mi pecado para darme a tu Hijo y así hacerme un tesoro valioso ante tus ojos. Amén.

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Accesible | jueves 23 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 47:13–48:13, 1 Juan 4:7–12)

Accesible

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“Gracias por recibirme, señor”.

“Hola, es un placer conocerle, señor”.

Mientras esperaba la entrevista de trabajo, Jeanie no podía decidir qué decir. Tal vez un simple “Hola” sería lo mejor. ¿O sería demasiado informal?

“El señor Millard la verá ahora”, informó la agradable recepcionista a Jeanie con una sonrisa, señalando hacia la puerta del vicepresidente. Cuando Jeanie se acercó, la puerta se abrió. Un hombre sonriente y relajado le tendió la mano y le dijo cordialmente: «Bienvenida, Jeanie. Siéntese y cuénteme más cosas sobre…». Ella pronunció su primera frase con naturalidad y comodidad.

¿Qué le has dicho a Dios últimamente? Quizás no sepas qué decir. Entonces recuerda que Dios hace que lo que le digas sea fácil y agradable. ¿Cómo? Él ha roto el hielo al hablar primero y entablando un cálido diálogo contigo. “clamamos: ¡Abba, Padre!…somos hijos de Dios” (Romanos 8:15,16).

Dios se ha hecho fácilmente accesible. Te ha acogido abriendo la puerta a través de Jesucristo. A los pecadores que buscan su amor, les habla con términos de afecto, invitándolos gentilmente con palabras como niño y cordero.

Y Dios incluso ofrece traducir tus murmullos, oraciones torpes y confusas en dirección y lenguajes celestiales: “porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios” (Romanos 8:27, NVI).

Dios anhela escuchar tu voz. A Él le encantan tus palabras. Alába. Ora. Dale gracias. Empieza al permitir a Dios tener la primera palabra cuándo Él abre la puerta.

Oración:

Amado Padre, con lazos de amor me atrajiste a Ti, teniendo misericordia de un pobre pecador que escapaba de tu bondad. Me diste una nueva vida, me adoptaste como Hijo en tu familia y me llenaste de tu Espíritu Santo. De tal modo que como un recién nacido, puedo acudir a Ti y decirte: ¡Abba, Padre!. Concédeme en gratitud a tu inmenso amor, vivir consagrado a Ti como un devoto hijo que ama a su Padre. Por Jesucristo tu Hijo. Amén.

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Lo único que necesito saber con seguridad | miércoles 22 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 47:1–12, 1 Juan 4:1–6)

Lo único que necesito saber con seguridad

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¿Qué necesitas saber con seguridad? ¿Qué apagaste la cafetera esta mañana? ¿Qué cerraste la puerta del garaje cuando te fuiste a trabajar? No. No es el fin del mundo si llegas a casa y el café con la corteza hasta el fondo de la cafetera o incluso si falta una bicicleta en tu garaje abierto. Muchos de los temas que nos preocupan no importan. Sólo hay una cosa que necesito saber con seguridad: que estoy perdonado.

En el año 430 d.C., cuando el padre de la Iglesia Agustín estaba a punto de morir y su fuerza estaba disminuyendo, le rogó a uno de sus amigos que pintara en la pared frente a su cama las palabras del Salmo 32: “Dichoso aquél cuyo pecado es perdonado, y cuya maldad queda absuelta. Dichoso aquél a quien el Señor ya no acusa de impiedad” (versículos 1,2).

El moribundo Agustín se quedó contemplando esas palabras mientras la oscuridad se cernía sobre él. No habrá nada más a lo que valga la pena aferrarse que esas palabras. Mirar la cruz de Jesús y saber que mientras Jesús colgaba allí, muriendo y la oscuridad se cernía sobre Él, Él pensaba en ti. Ya entonces estaba diciendo: “Tus faltas han sido perdonadas por mi cruz. Tus pecados están cubiertos por mi sangre. No te guardo rencor”. Mirar la cruz y saber que estás perdonado. ¡Es lo único que necesitas saber con seguridad!

Oración:

Redentor nuestro, confieso que son muchas las preocupaciones que ocupan mi mente y corazón, y me distraen de las cosas verdaderamente importantes. Nada de lo que usualmente acapara mi atención es eterno. Todo perecerá y solo tu reino permanecerá. Tú quieres que hagamos riquezas eternas mientras yo pierdo el tiempo en lo efímero. Tu Palabra me enseña que solo hay una cosa necesaria y es tu perdón gratuito e incondicional ganado al alto precio de la preciosa sangre del Cordero. Concédeme, Señor, no perder la verdadera perspectiva, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

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Revivir el pasado | martes 21 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 46, 1 Juan 3:15–24)

Revivir el pasado

 

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Mi hija acaba de aprender (eso espero) una lección de vida. Mientras visitaba a unos amigos de vacaciones, ella gritó delante de nuestros anfitriones: ¡Me niego a dormir en ese colchón inflable!. Le tocó dormir en el suelo. Durante más de 20 minutos, se enfadó. «¿POR QUÉ HE DICHO ESO?» Pero lo hizo. No podía deshacerlo.

Ninguno de nosotros puede cambiar el pasado. Cuando lo intentamos, entramos en una espiral de negatividad. “¿Y si yo hubiera hecho algo diferente?” Pero las preguntas-y-qué no cambian nada; roban la felicidad y el contentamiento.

Si el apóstol Pablo se hubiera enfocado en su pasado, nunca habría servido a Jesús. Enfocarse en nuestro pasado roto nunca trae felicidad o satisfacción. Pablo no vivía en el mundo de «¿y si…?»; Él sabía que Dios era más grande y más lleno de gracia que su pasado. Por eso escribió con confianza: “me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante; ¡prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús!” (Filipenses 3:13,14).

Olvida tu pasado; ¡ya no vives allí! Las preguntas del tipo ¿y si…? no funcionan. Así que cambia la pregunta de ¿y si…? por ¿y ahora…? ¿y ahora qué? Controla lo controlable. ¿Qué me pide Dios que haga ahora? ¿Qué me pide Dios que haga después?

La respuesta está en la Santa Palabra de Dios. Simplemente haz una búsqueda en Google de “pasajes bíblicos acerca de…”- encontrar guía, gracia y la ayuda de Dios en tu vida. ¿Y ahora qué? ¿Y después? Jesús no te fallará.

Oración:

Dios Eterno, en tu presencia el pasado, presente y futuro poco significan pues permaneces inmutable por siempre. Nosotros vivimos en el tiempo y el espacio viendo cómo los años y las oportunidades pasan. Muchas veces nos paralizamos ante nuestros errores al punto de ya no poder mirar hacia adelante. Te suplico no permitas que me quede anclado en el pasado sino que ponga toda mi atención en la eternidad. Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el temple para cambiar las que sí puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

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En Cristo Jesús, nuestro Señor | lunes 20 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 45, 1 Juan 3:8–14)

En Cristo Jesús, nuestro Señor

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En Cristo Jesús, nuestro Señor, la muerte ha muerto. No puede matar.

En Cristo Jesús, nuestro Señor, la vida es más grande que las circunstancias que te rodean. No eres definido por lo que te sucede.

En Cristo Jesús, nuestro Señor, los ángeles se enfrentan a los demonios en una guerra espiritual para protegerte. ¡Y los ángeles siempre ganan!

En Cristo Jesús, Señor nuestro, el hoy es un regalo. Por eso lo llamamos presente.

En Cristo Jesús, nuestro Señor, el futuro no es algo de qué preocuparse. Nada de lo que te suceda mañana o el próximo año llega antes que Él a la escena.

En Cristo Jesús, Señor nuestro, los poderes de este mundo son peones de su reino. Y tú perteneces a su reino. Estás en el equipo ganador.

En Cristo Jesús, nuestro Señor, tus oraciones susurradas llegan más alto que el alto estrés, los altos impuestos, la alta presión sanguínea, las altas exigencias, el alto riesgo y las altas esperanzas.

En Cristo Jesús nuestro Señor, tu fe profundiza más en su agua vivificante que en cualquier profundidad de desesperación.

En Cristo Jesús, Señor nuestro, no hay nada que hagas, nada que te suceda, nada que olvides hacer y nada que descuides que haga que Él te ame menos.

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 8:38,39).

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Oración:

Soberano Señor, si me miro a mí mismo solo encuentro desolación, pues nada que yo haga puede salvarme de la condenación eterna que justamente merezco. Pero cuando miro a tu Hijo clavado en la cruz derramando su vida en mi favor veo que es imposible perderme. Por Él y solo por Él puedo reposar confiado en tu gracia sabiendo que nada me podrá apartar de tu amor. Te bendigo y agradezco tu inmenso amor, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

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No te pierdas a Dios | domingo 19 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 44:13–31, 1 Juan 3:1–7)

No te pierdas a Dios

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El otro día saqué mi carpeta absurdamente gruesa de 10 centímetros que contiene mis apuntes de teología de mi clase de doctrina de segundo año. Hacia la mitad del semestre, abordamos la persona y la obra de Jesús: cómo Él es nuestro Profeta que dice la verdad, nuestro Sacerdote que se sacrifica y nuestro Rey que vence a la muerte. ¡Eterno, cosas que salvan vidas! .

Pero mientras hojeaba esas notas, me di cuenta de que me había perdido de algo: de Dios. Los primeros puntos en el esquema de la clase fueron acerca de Dios: su esencia, sus atributos y sus cualidades. Al igual que el Credo de los Apóstoles, esa antigua declaración de la fe cristiana, mis profesores querían que yo empezara pensando en la gloria y la majestad de Dios. ¡Después de todo, el punto de la vida, muerte y resurrección de Jesús fue dar a pecadores como nosotros la oportunidad de estar con Dios para siempre!

Me encanta cómo el profeta Jeremías se centró en la importancia de estar con un Dios tan glorioso: “Por eso digo con toda el alma: «¡El Señor es mi herencia, y en él confío!»” (Lamentaciones 3:24). Lo que nos hace superar las temporadas dolorosas y lamentables de nuestra vida es saber que el Señor es nuestra herencia, que ahora mismo (es, no será) Dios es lo que tenemos, y que Dios es suficiente. ¡Dios ha venido para estar con nosotros y morar en nosotros en este mismo momento!.

Por favor, ¡no te pierdas lo que yo me perdí! Gracias a Jesús, Dios está aquí. ¡El Señor es tu herencia! ¡Imagina esto! ¡Imagínatelo a Él! ¡No te arrepentirás!

Oración:

Señor todo suficiente, en el corazón de todo ser humano hay un vacío tan grande que solo puede ser llenado por Ti, de tal manera que puedo decir que si tengo a Cristo, lo tengo todo y si Cristo me falta, entonces me falta todo. Gracias a tu Hijo, a su obra redentora y al obrar del Espíritu Santo en mi vida soy consciente de que nada me falta pues Tú mismo eres mi herencia. Te suplico me afirmes en la verdadera fe con la confianza de que siempre viviré en tu plenitud, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

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Tienes un don | sábado 18 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 44:1–12, 1 Juan 2:23–29)

Tienes un don

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¿Conoces el don o los dones que has recibido de Dios? En cuatro capítulos clave de la Biblia (1 Corintios 12, Romanos 12, Efesios 4 y 1 Pedro 4), Dios nos habla de los «dones espirituales» que ha dado a cada uno de su pueblo. Se llaman dones porque no los merecemos, y se llaman espirituales porque el Espíritu Santo trae esos dones cuando entra en el corazón de un cristiano.

Si no estás seguro de tus dones, escucha las palabras de Pedro: “Ponga cada uno al servicio de los demás el don que haya recibido…Cuando hable alguno, hágalo ciñéndose a las palabras de Dios; cuando alguno sirva, hágalo según el poder que Dios le haya dado” (1 Pedro 4:10,11).

Pedro te da una pista para descubrir tus dones cuando dice de hablar para servir. Algunos de nosotros hacemos lo mejor cuando usamos palabras. Predicamos sermones, enseñamos clases, aconsejamos a matrimonios con problemas, escribimos cartas de condolencias, enviamos mensajes de texto a un amigo en dificultades, damos la bienvenida a un invitado de la iglesia y compartimos sabiduría con un nieto. ¿Eso suena como tú? Otros hacemos lo mejor a través de un trabajo que implica pocas palabras. Limpiamos la iglesia, diseñamos el espacio, arreglamos el auto de la viuda, construimos casas de calidad, preparamos la comida que reúne a las personas y nos hacemos presentes durante su dolor. ¿Te parece adecuado?

Descubrir tus dones dados por Dios es el primer paso para servir a otros para la gloria de Dios. Entonces, ¿cuáles son tus dones?

Oración:

Señor, gracias por los dones que me has otorgado, ayúdame a descubrirlos y hacer uso de ellos para servir como un obrero fiel en tu iglesia. Concédeme ser un buen administrador de esos dones y a ser un instrumento de tu paz, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

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Cristianismo ordinario | viernes 17 de enero 2025

 

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 43, 1 Juan 2:18–22)
Cristianismo ordinario

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Me pregunto si el diablo ama el cristianismo extraordinario. Por «extraordinario» me refiero a las historias que lees en libros cristianos sobre personas que oraron durante tres horas al día y compartieron el Evangelio con miles de personas e impactaron la vida de millones. Me pregunto si el enemigo ama lo extraordinario porque la mayoría de nosotros somos ordinarios (sin ofender). Nos despertamos con la cabeza en la cama, tratamos de mantenernos al día con el correo electrónico, y tratamos de hacer ejercicio más de lo que comemos postre. Ordinarios. El problema del cristianismo extraordinario es la espiritualidad del espectador. La gente común como tú y yo nos sentamos en las gradas y vemos a los héroes “reales” hacer grandes cosas para Dios.

Pero —escucha— eso pasa por alto una enseñanza impactante de la Biblia: “Dios usa lo ordinario para hacer lo extraordinario”. Gente como tú. Gente como yo. “Las parteras [dos mujeres ordinarias] salvaron la vida a los niños [entre ellos Moisés]” (Éxodo 1:17). Un grupo ordinario de pescadores fueron los primeros seguidores de Jesús (Mateo 4:21). O, mi favorita, esta verdad de Pablo: “Consideren, hermanos, su llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según los criterios humanos, ni son muchos los poderosos, ni muchos los nobles; sino que Dios eligió lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo, para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:26,27).

Así que no te preocupes si no eres el más inteligente, el más delgado, el más fuerte o el último influencer de las redes sociales. Dios no está buscando eso. Él está buscándote a ti, el ordinario tú, para hacer su obra extraordinaria de amar a las personas en el nombre de Jesús.

Oración:

Dios Redentor, que por amor a nosotros te hiciste humano para salvarnos, reconozco que no soy un cristiano extraordinario. Pero Tú haces cosas extraordinarias con los ordinarios como yo: te suplico que en tus manos tomes mi vida y la quebrantes como el alfarero lo hace y la renueves para que sea semejante a tu Hijo, por Jesucristo mi Redentor. Amén.

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