Aprende a L-E-E-R su Biblia | lunes 6 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 35, 2 Pedro 1:3–15)

Aprende a L-E-E-R su Biblia

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¿Puedo compartir un hábito espiritual que me haya ayudado a enriquecer mi lectura de la Biblia?

Estos pasos me han ayudado a meditar profundamente todos los días en Dios al L-E-E-R la Biblia, incluso antes de abrirla, prueba esto:

Acuérdate de Dios. Utilizo una sencilla técnica de respiración para que mi tiempo devocional con Dios gire menos en torno a mí y más en torno a Él. «Me acordé de Dios» (Salmo 77:3). Exhalo en confesión, exhalo lo que intento controlar, exhalo mis miedos y decepciones. A su vez, cada vez, inhalo mientras recuerdo todo lo que es verdad sobre Dios. Quién es Él. Digo: «Dios, Tú eres ______».

Disfruta de Dios. El que «medita» en Dios es «como un árbol plantado junto a los arroyos» (Salmo 1:2,3). Ese es un árbol feliz: siempre nutrido y fresco, contento y confiado mientras la brisa de Dios hace cosquillas en sus hojas.

Agradece a Dios. Doy gracias por cinco bendiciones recientes. Cada día son diferentes. Así me concentro en la obra y la gloria de Dios, y evito quejarme. «Alabemos al Señor, porque él es bueno; porque su misericordia permanece para siempre!» (Salmo 118:1).

Préstale atención (1 Samuel 3:10). Apaga tus dispositivos. Busca un lugar tranquilo. En tu agenda y en tu corazón, aparta tiempo libre para este momento, de modo que no te preocupes por lo siguiente. Ora: «Habla, Señor, que tu siervo escucha»

No te limites a leer la Biblia como lees el correo. Acuérdate, Disfruta, Agradece y Préstale atención a Dios y a la Biblia.

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Oración:

Bondadoso Señor, reconozco que muchas veces he leído tu Palabra, pero no me he alimentado de ella. No puse toda mi atención y por eso no he crecido espiritualmente como quisiera. Es sólo mediante tu Palabra que mi fe se fortalece y afirma. Concédeme no sólo tener hambre y sed de tu Palabra sino también el no ser un oidor olvidadizo, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

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Dios y tu tatara-tatara-tatara-tatara-abuelo | domingo 5 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 34, 2 Pedro 1:1–2)

Dios y tu tatara-tatara-tatara-tatara-abuelo

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Al mirar a tu alrededor, ¿cuántas cosas ves que existían cuando tu tatarabuelo caminaba por la Tierra? Mi tatarabuelo habría nacido hace 150-200 años, más o menos algunos viajes alrededor del sol. ¿Existía mi computadora portátil a principios de 1800? No. ¿Mi escritorio? ¿Este libro? ¿La iglesia donde estoy escribiendo estas palabras? No, no y más no. La ciudad en donde vivo (Appleton, Wisconsin) se fundó en 1857, ¡así que ni siquiera cumple los requisitos!

Pero veo por la ventana algo que mis antepasados vieron: el sol. Como pocas cosas en mi vida, el sol, la luna y las estrellas parecen perdurar para siempre.

Creo que es por eso que el autor del Salmo 136 escribió: “Al único que hace grandes maravillas; su gran amor perdura para siempre. Al que con inteligencia hizo los cielos; su gran amor perdura para siempre. Al que expandió la tierra sobre las aguas; su gran amor perdura para siempre. Al que hizo las grandes lumbreras; su gran amor perdura para siempre. El sol, para gobernar el día; su gran amor perdura para siempre. La luna y las estrellas, para gobernar la noche; su gran amor perdura para siempre” (versículos 4-9 NVI).

El autor señala a la naturaleza como el ejemplo más cercano de cualquier cosa creada al amor de nuestro Creador. Así como el sol sigue apareciendo en días buenos y malos, esperanzadores y sin esperanzas, el amor de Dios también aparece. Este hecho hizo que algunos de nuestros tatarabuelos adoraran. Piénsalo un poco y te hará adorar a ti también.

Oración:

Bendito seas Señor, Creador y preservador de la vida. Aunque no lo merecemos, Tú nos provees todo lo que necesitamos, y lo haces abundantemente. En tu gran misericordia no nos has desechado. ¡Tu gran amor perdura para siempre! Concédeme permanecer afirmado en la verdadera fe mientras espero la venida de tu Hijo Jesucristo. Amén.

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Enfocándose en Jesús, no en uno mismo | sábado 4 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 33:21–33, 1 Pedro 5:12–14)

Enfocándose en Jesús, no en uno mismo

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“Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca. Alabaré al Señor con toda el alma. ¡Escuchen, gente humilde, y alégrense también! ¡Únanse a mí, y reconozcan su grandeza! ¡Exaltemos a una voz su nombre!” (Salmo 34:1-3).

Intentemos esto: Dejar todo a un lado y enfocarnos en Jesús. Bendigámosle y alabémosle por su bondad.

Considera las historias de los evangelios: alimentar a los cinco mil, calmar la tormenta y defender a la mujer llevada a Jesús por aquellos que lo odiaban. Considere su enseñanza de amar a los demás por encima de nosotros mismos. ¿Qué te parecen sus amables instrucciones de prestar atención al hermoso mundo de Dios para que podamos estar seguros del amor de Dios por nosotros? Considera otros signos de su poder: resucitar a los muertos, ofrecer su propio cuerpo por nosotros, y volver a la vida al tercer día.

¿Qué historia te resuena hoy? ¿Cómo habría sido seguir a Jesús en ese momento en particular? ¿Cómo habría actuado? ¿Qué habría dicho? Bendice a Jesús por su bondad y sus maravillosas obras.

Considera cualquier cosa buena y bonita que hayas atesorado en estos minutos. ¿Cómo puedes permitir que sea la lente a través de la cual veas el resto de tu día? Con el salmista, puedes decir: “Busqué al Señor, y él me escuchó, y me libró de todos mis temores. Los que a él acuden irradian alegría; no tienen por qué esconder su rostro” (Salmo 34:4,5).

Oración:

Dios Todopoderoso, confieso que he pecado contra Ti. No te he amado, ni he amado a mi prójimo como Tú lo exiges. Has tenido misericordia de este pobre pecador y por los méritos de tu Hijo me has limpiado, perdonado y salvado. Te suplico abras mis ojos espirituales para que no olvide que es sólo por Ti que veré el gozo eterno. Amén.

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Qué hacer cuando la vida es un desastre | viernes 3 de enero 2025

 

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 33:1–20, 1 Pedro 5:1–11)
Qué hacer cuando la vida es un desastre

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¿Alguna vez te has encontrado en un desastre total? ¿Cuándo tus decisiones pasadas te han dejado con consecuencias presentes que probablemente no cambien en un futuro cercano?

Puede que tu cuerpo esté destrozado porque, en parte, tú lo estropeaste. Todos los entrenamientos matutinos omitidos y los postres ordenados te han atrapado, dejándote con un corazón débil que no se puede arreglar rápidamente. O tal vez tu relación con tus padres, hermanos o compañeros de trabajo se haya deteriorado y la comunicación se haya reducido al mínimo. Estabas tan enfocado en tus metas y tu vida que olvidaste que las relaciones reales requieren tiempo y sacrificio. No hay texto que puedas enviar para crear cercanía al instante.

Entonces, ¿qué haces cuando tu pecado ha hecho un desastre las cosas? Pues, imitar a Jeremías. Jeremías escribió: “pero en mi corazón recapacito, y eso me devuelve la esperanza. Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos; ¡nunca su misericordia se ha agotado! ¡Grande es su fidelidad, y cada mañana se renueva!” (Lamentaciones 3:21-23).

En lugar de fijarse en sus fracasos, Jeremías forzó a su mente a pensar en Dios, en su gran amor, en su compasión inagotable, en su gran fidelidad. Eso fue lo que le devolvió la esperanza.

¿Podrías hacer lo mismo hoy? Recuerda todo lo que sabes de Dios: su gracia, su misericordia, su paciencia, etc. Medita profundamente en el corazón de nuestro Padre, en el sacrificio de su Hijo y en la presencia de su Espíritu. Tu día puede esperar. Porque así es como te enfrentas al desastre. Así es como se vive con esperanza.

Oración:

Misericordioso Señor, en muchas ocasiones estoy desolado cuando siento que mi vida es un desastre. Pero tu Palabra me recuerda que he sido perdonado y salvado por tu amor, gracias a la obra redentora de tu Hijo Jesucristo, tengo esperanza y lo que hoy sufro no es nada comparado con el gozo eterno. Gracias Señor por tus dulces y consoladoras palabras. Amén.

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Habla contigo mismo (¡acerca de Dios!) | jueves 02 de enero 2025

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 32, 1 Pedro 4:12–19)

Habla contigo mismo (¡acerca de Dios!)

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¿Alguna vez hablas contigo mismo? Deberías, especialmente si eres una persona con un gran corazón.

He conocido a algunos hermanos y hermanas en la fe maravillosamente generosos, compasivos, empáticos, sensibles y semejantes a Cristo. Mientras que yo tiendo a ser más intelectual, ellos se inclinan por ser emocionales y relacionales, lo cual es un verdadero regalo para la Iglesia cristiana. Pienso en mi madre, que sacrificaba gustosamente el sueño para arreglar el vestido de una dama de honor o coser una costura rasgada. Ver su compasión es un pequeño vistazo del amor bondadoso de nuestro Padre.

El desafío, sin embargo, es no dejar que esas emociones tomen el control de lo que es verdad. ¿Te ha pasado alguna vez?

El profeta Jeremías también era un hombre emocional. ¿Cómo combatió esos sentimientos engañosos que le robaban la alegría? Él explica: “Me digo a mí mismo:

«El Señor es mi herencia. ¡En él esperaré!»” (Lamentaciones 3:24, NVI). Fíjate en el comienzo de esa frase: “Me digo a mí mismo”. ¡Jeremías hablaba consigo mismo!. ¿Acerca de qué? Acerca de Dios.

A nosotros nos conviene hacer lo mismo. Cuando estés asustado, inseguro o ansioso por tu día, habla contigo mismo de Dios. Recuérdale a tu corazón tembloroso cómo es Dios y cómo afecta su carácter a tu situación. A través de la fe en Jesús, pasarás el día de hoy con un Dios que puede, que se preocupa, que controla, que sabe, que está cerca, que es suficiente y que perdura. Detente ahora mismo y vuelve a leer esa lista, dedicando 30 segundos a cada verdad sobre el carácter de tu Dios.

Si hablas contigo mismo sobre que tipo de Dios tienes, estarás más que bien.

Oración:

Padre misericordioso, como pecador que soy no merezco estar en tu presencia. Gracias a los méritos de tu Hijo Jesucristo y a tu gran amor puedo acercarme a Ti y suplicarte. En medio de los innumerables desafíos y pruebas que cada día enfrento, Tú eres mi refugio seguro. Gracias por tu fidelidad. Amén.

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Resuelve | miércoles 1 de enero 2025

No hagan nada por contienda o por vanagloria. Al contrario, háganlo con humildad y considerando cada uno a los demás como superiores a sí mismo. No busque cada uno su propio interés, sino cada cual también el de los demás.

—Filipenses 2:3,4

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 31, 1 Pedro 4:1–11)

Resuelve

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La cuenta regresiva finalmente llegó a la medianoche. Mientras el eco de la canción “Auld Lang Syne*” se apagaba en el sol naciente del amanecer, el mundo suspiraba: “Feliz Año Nuevo”.

En medio de la desesperanza de la humanidad viven personas que ven su necesidad de renovación, reconocen sus vidas pecaminosas y son transformadas por el perdón que sólo se encuentra en Cristo Jesús. Agradecidos por la transformación, siguen sus pasos para llevar el mensaje de la verdadera esperanza que se encuentra en la resurrección de Jesús de entre los muertos.

“Puesto que ustedes ya han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Pongan la mira en las cosas del cielo, y no en las de la tierra” (Colosenses 3:1,2).

Olvídate de las tradiciones de Año Nuevo que dependen de la suerte y cuyos propósitos destacan más la superación personal que la mejora desinteresada. En lugar de eso, ¡resuelve profundizar tu relación restaurada con Dios, nuestro Señor y Padre, Dios nuestro Redentor y Amigo, y Dios nuestro Consolador y Guía! Resuelve alimentar tu fe diariamente con su Santa Palabra. Resuelve obtener entendimiento de sus sabios maestros que abren los tesoros del cielo encontrados en sus páginas. Resuelve reunirte en las comunidades de su fiel familia. Resuelve mostrar la prueba de su actividad en tu vida transformada.

Los perdidos buscarán en nosotros la misericordia y la gracia de Cristo. Resuelve estar disponible: nos encontramos con ellos todos los días. El tiempo se acaba.

Oración:

Dios eterno, te bendigo y agradezco por el año que ha finalizado pues tu presencia no nos ha abandonado. Con expectativa gozosa inicio un nuevo año para vivir consagrado a Ti, en gratitud a tu inmenso amor. Concédeme ser un buen administrador de los dones que me diste y ser un instrumento de tu paz, por Jesucristo tu Hijo. Amén.

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¡El regalo de la renovación! | martes 31 de diciembre 2024

17 Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 18 Todo esto proviene de Dios

—2 Corintios 5:17-18.

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 30, 1 Pedro 3:16–22)

¡El regalo de la renovación!

 

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¡Bueno, lo logramos! Cuando el reloj marque la medianoche y la bola caiga, habremos sobrevivido 2024, ¡un año como ningún otro! Con todo lo que ha sucedido, tal vez estés diciendo con voz más alta que en previos años: “¡Querido Dios, fuera con lo viejo! ¡Que entre lo nuevo! “

Ah, este es el último regalo que quiero que saques y disfrutes en este último día de 2024: el regalo de la renovación. Verás, nuestro Dios está en el negocio de la renovación. Él está en el negocio de tomar cosas viejas, gastadas, ya en descomposición y hacerlas nuevas … ¡y mejores que nunca! Eso es lo que dice Pablo. “Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Lo viejo se ha pasado, ha llegado ya lo nuevo”. Nuevo es un adjetivo que se encuentra en el corazón del evangelio. “Yo hago nuevas todas las cosas”, dice Jesús.

¡Qué regalo para ti y para mí este día y todos los días! Como dije, aquí estamos al final de un año como ningún otro con quizás algunas más tristezas y preocupaciones que años anteriores. Aquí estamos mirando hacia atrás a algunas alegrías y éxitos, pero también a algunos remordimientos y errores. Aquí anhelamos dejar atrás el pasado, comenzar de nuevo, y no solo ser nuevos sino ser mejores. Dios nos concede el anhelo de nuestro corazón. Él nos dice: “¡En mi Hijo Jesús, les he dado un nuevo nacimiento en una esperanza viva a través de su resurrección de entre los muertos! ¡En Cristo tienes un nuevo comienzo no solo al final del año, sino cada mañana! Cada día tu pizarra queda limpia a través de tu fe en la sangre de Jesús. Tus pecados del 2024, todos, han sido perdonados en Cristo, y tus viejas actitudes pecaminosas son reemplazadas por nuevas actitudes por mi Espíritu. ¡Eres una nueva creación en Cristo!”

Que el regalo de Dios de la renovación te dé un gran comienzo a tu 2025. ¡Que la gracia renovadora de Dios te lleve hacia adelante en el camino de la paz, la esperanza, la alegría y a un año productivo pase lo que pase! Y que en este último día del año todos levantemos nuestros ojos hacia el cielo y oremos: “Ven, Señor Jesús, haz nuevas todas las cosas.” ¡FELIZ AÑO!

Oración:

Padre, Hijo y Espíritu Santo, gracias por guardarme en 2024. Perdóname todo y ven conmigo, con mis seres queridos y tu iglesia cada día de 2025, y bendícenos. Amén.

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¡El regalo del testimonio! | lunes 30 de diciembre 2024

6 Vino un hombre llamado Juan. Dios lo envió 7 como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyeran. 8 Juan no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz.

—Juan 1:6-8.

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 29, 1 Pedro 3:8–15)

¡El regalo del testimonio!

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En nuestros días pensamos que una bombilla tiene un propósito, disipar la oscuridad. Pero si hoy fuera el penúltimo día de 1820 y no 2020, nuestras luces de velas y linternas no solo iluminarían, sino que arderían.

Jesús es como las luces de esos viejos tiempos. ¿No es esto lo que vemos en su pariente Juan el Bautista? ¿Qué hizo con la luz del perdón encendida en su corazón? Él dio testimonio de la luz, para que por medio de él todos creyeran”, y creyendo, tengan vida eterna. Juan no pudo evitarlo. La luz del perdón en su Salvador encendió su corazón con amor por su Salvador y por todas las personas. Para Juan, dar testimonio de Cristo era en sí mismo un gran regalo de Dios para él. Juan amaba y quería servir a Jesús. Amaba lo que Jesús amaba. Amaba a las personas y deseaba darles lo que más necesitaban y les beneficiaran: el conocimiento de Cristo.

¿El fuego arde en ti? ¿Quieres compartir el mejor regalo que hay – el Hijo de Dios? ¡Seguro sí! ¡Yo también! Amamos y queremos servir a Jesús. No queremos ver a nadie ir al infierno. Nos sentimos muy honrados de ser instrumentos de la salvación de Dios. Pero testificar de Jesús no es fácil. Cristo mismo prometió que las personas, especialmente las más cercanas a nosotros, nos odiarían por nuestro testimonio de él. A veces, el miedo de causar una ruptura en una relación domina nuestro amor. A veces, nos sentimos inseguros de qué decir. Cuando eso suceda, deja que esto encienda el fuego en ti: Recuerda, Jesús es tu luz. Su amor por ti arde y nunca disminuirá debido a alguna debilidad en ti. De hecho, su amor lo quema todo. Como tu luz, Cristo siempre está contigo y siempre te ayudará. ¡Siempre! Jesús no es solo tu luz, él es la luz, no tú. Eso significa que la salvación de nadie depende de ti sino todo de él. Simplemente dile a alguien con quien te sientas cómodo sobre la esperanza y el gozo que tienes en Jesús. Finalmente, piensa en esto: un día en el cielo alguien se acercará a ti y te dirá: “Gracias por compartir a Jesús conmigo. Estoy aquí en parte por ti”.

¡Ahora, ve e ilumina el mundo que Dios ha puesto a tu alcance! Da tu testimonio de Cristo. ¡Ese es tu regalo!

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Oración:

Precioso Salvador, Dios mío se encarnó por mí. He visto tu gloria. Dame este regalo hoy: muchas oportunidades en 2025 para compartir tu gloria salvadora. Amén.

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¡El regalo de la fe! | domingo 29 de diciembre 2024

 

11 Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron. 12 Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.

—Juan 1:11-12.

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 28, 1 Pedro 3:1–7)

¡El regalo de la fe!

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Probablemente no lo pensaste cuando despertaste esta mañana. Seré honesto, yo tampoco. Pero, si te despertaste como yo, con la capacidad de confesar sinceramente las palabras del Credo, “Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor”, amanecimos a un milagro; ¡Amanecimos con un regalo increíble en nuestras manos! La capacidad de creer en Jesús es un milagro de primer orden y el segundo mayor regalo de Dios aparte de su Hijo. Sin el don de la fe, perdemos el don de su Hijo. Un pastor estadounidense nos ayuda a ver el regalo de la fe. Escribe sobre sus luchas de fe y cómo Dios lo ha mantenido en la fe por su palabra:

Los últimos dos años … me han dejado muy vacío. La iglesia está buscando una visión para el futuro, y yo no la tengo. La única visión que identificó el concilio, la construcción de un santuario, me resulta tan poco atractiva hoy que no veo cómo podría proveer el liderazgo y la inspiración para ello.

Señor, ten piedad de mí. Estoy tan desanimado. Me siento tan en blanco … Ten piedad, Padre. Ten piedad de mi. Tengo que predicar el domingo, y apenas puedo levantar la cabeza.

Si mi fe en Jesús, y mi afán por conocerlo y su palabra… dependieran decisivamente de mí, habría dejado de ser cristiano hace mucho tiempo.

No tengo ninguna duda sobre esto. Si la causa decisiva de mi fidelidad a Cristo… debe venir de mí, no vendrá, porque no está allí. Por lo tanto, estoy asombrado de que todavía soy cristiano y amo el ministerio. [Es solo un acto de la gracia y misericordia de Dios a través de su palabra lo que me ha guardado].

¡Ves qué maravilloso regalo es nuestra fe! Como el pastor, nuestro instinto natural es como el del mundo. Jesús vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron. Piensa en tus momentos de duda y desánimo, debilidad y pecado. Pero, te ha llegado la buena noticia de gran gozo: “¡No tengas miedo! ¡En la ciudad de David te ha nacido un Salvador, Cristo el Señor! Dios te ama, perdona, y te ha reclamado como su hijo e hija en él”. Con esa noticia, Dios nos ha cubierto con su misericordia y poder y nos ha capacitado a confesar: “Señor, creo”.

Oración:

Espíritu Santo de Dios te alabo por el don de mi fe en Cristo. Por medio de las buenas nuevas de mi Salvador guárdame en la verdadera fe y fortalécela. Amén.

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¡El regalo de la consideración de Dios! | sábado 28 de diciembre 2024

9 [La] luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo.

Juan 1:4,9.

(Lectura de la Biblia en tres años: Ezequiel 27:16–36, 1 Pedro 2:17–25)

¡El regalo de la consideración de Dios!

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Fue por un aniversario, no por Navidad. Pero, un año decidí darle a mi esposa una experiencia en lugar de un objeto como regalo. Fue un crucero de sorpresa por el puerto de Nueva York. Pensé que era un regalo perfecto. Un crucero por la Estatua de la Libertad y bajo el Puente de Brooklyn con una cena de cuatro estrellas y música. Tomé cuenta del clima y elegí un día en el que estaba despejado, ¡y lo fue! El clima estaba perfecto. Todo fue perfecto … o eso pensé. ¡Tonto! Nunca consideré que 19 años antes, durante nuestra luna de miel, mi esposa se había enfermado en un barco. Entonces, sí, ¡lo que pensé que era un regalo perfecto resultó ser uno miserable! Ella después me dijo: “Mi amor, gracias por el esfuerzo, pero estoy decepcionada porque esto demostró que realmente no lo pensaste bien”.

¡Afortunadamente, nuestro Dios no comete errores como ese! Nos conoce perfectamente. Él conoce todas nuestras dudas, debilidades, gozos, tristezas y pecados. Conociéndonos perfectamente y amándonos desde la eternidad, planeó cuidadosamente el regalo perfecto para satisfacer todas nuestras necesidades, ¡y lo es! Jesús es el regalo perfecto. Pero lo que él representa es el regalo que quiero que saquemos y disfrutemos hoy: la consideración de Dios hacia nosotros, su cuidadosa consideración de cada una de nuestras necesidades y su plan meticuloso para satisfacer perfectamente cada una.

Juan nos hace pensar en la consideración que Dios tiene de nosotros cuando nos dice que Jesús era “la luz que venía a este mundo”. Cuando Juan dice que la luz “venía”, nos recuerda que Jesús fue el plan de Dios desde el principio. Jesús fue el cumplimiento del plan cuidadosamente pensado de Dios para satisfacer todas nuestras necesidades como pecadores caídos.

Esa consideración es un regalo asombroso en si mismo. Piensa lo que significa: Dios sabe precisamente que pecadores somos, pero quiere que estemos con él en la gloria de todos modos, y pues planea el regalo perfecto para lograr esa meta. Él sabe lo que le va costar ese regalo: su propio Hijo. ¡Pero él dará lo que sea por tenernos! Entonces, cuando llega el momento de dar este regalo costoso, no se arrepiente. Él sigue adelante, ¡porque solo está pensando en ti!

¡Ama y agradécele a tu Padre, no solo por un buen esfuerzo sino por un regalo perfectamente considerado!

Oración:

Padre celestial, cada vez que considero tu Hijo tengo que decir, “¡Que regalo! Es perfecto! Gracias por considerarme tanto. Amén.

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